Enrique Echeverría

Vidas y dinero perdidos

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Sería jubiloso el día cuando los medios de comunicación publicaran una noticia consoladora: “Ayer no se produjo ningún homicidio ni accidente de tránsito”. Porque lo que estamos viendo y viviendo es una época de miedo y de cierta desesperanza.

En un solo número del vespertino Últimas Noticias (25 de enero de 2016) se leen los siguientes titulares: “Tras noche de farra un primo es asesinado”, “4 hombres usaron un cuchillo en su intento de robar celulares”.

En la ciudad de Guayaquil alguien pierde la vida por disparos de arma de fuego: explican a diario que se trata de “ajuste de cuentas” En el mismo vespertino: “En la vía Pifo-Papallacta. Raquel y el ganado se fueron al más allá”, “Un camión se volcó y una mujer falleció, también siete reses”, “Estafa.

Sacó dinero con chequera ajena” , “Accidente en la Ruta Viva: hubo un choque”, “Ayer, en el parque La Carolina la Fundación Cavat Nicole Paredes motivó a la ciudadanía a no permitir que haya más muertos en las vías”.
Y lo que causa estupor: en la página 4 de la edición de 22 de enero de 2016: “Almacenan 
1 900 vehículos.

Carros accidentados van a 8 patios de Quito”.
Sería necesario un amplio espacio para transcribir títulos de otras noticias tan sangrientas o delictuosas, como las anteriores. 
Pero es llegado el tiempo para que, en el tránsito, ajusten los tornillos de la justicia, de tal manera que queden fuera de la capacidad de conducir vehículo todo aquel que ha causado muerte o lesiones graves, particularmente si conducía en estado de embriaguez.

El retiro de su licencia –además de la cárcel- sería definitivo y mientras viva.
 Como pasajero diario de la Ruta Viva entre Tumbaco y Quito, observo una alta vigilancia sobre el exceso de velocidad.

Si bien se ha reducido el número de infractores, el fenómeno no se detiene.
 También hace falta similar dureza con quienes no obedecen las normas de la Ley de Tránsito. Y con más ahínco con quienes han estado conduciendo en estado de embriaguez aunque no hayan causado daños a personas.

Unos días de cárcel proporcionan reflexión incluso a los más necios, ya que de continuar es probable que causen lesiones, incluyendo parálisis parcial o total de la víctima, con el consiguiente destrozo económico de la familia.


En cuanto a dinero, cada vehículo accidentado debe repararse. Las partes y piezas vienen del exterior. Salen dólares por millones para pagarlas; los vehículos pierden valor comercial y los dueños sufren un duro golpe en su economía por la reparación.

Este es un atentado a la economía nacional, razón por la que no debe haber contemplaciones, ni parentescos, ni influencias, ni arreglos con los infractores.
 Al paso que caminamos en materia de seguridad personal y económica, tendremos que lamentar mucho más la crisis que estamos viviendo y que todos estamos sintiendo.