Óscar Vela Descalzo

La vida de los otros

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En el año 2006 se estrenó ‘La vida de los otros’, la impactante película del guionista y director alemán Florian Henckel von Donnersmark, que ese mismo año recibió un Oscar en la categoría Mejor película extranjera. La trama de este largometraje se centra en el obsesivo espionaje de la Stasi, la policía secreta de la República Democrática Alemana, a los ciudadanos del lado oriental del Muro de Berlín, en especial a los que frecuentaban círculos políticos e intelectuales.

Más allá del desarrollo literario de la obra, que conjuga el sugerente tema de los espías con sus enredos amorosos, la fuerza del argumento se concentra en las escenas de escuchas y en las implantaciones de cables y micrófonos en cada uno de los espacios más íntimos de la vida de los ciudadanos y, por supuesto, en la sensación de desconfianza y miedo que tenía la población por sus gobernantes. De esta forma el totalitarismo que estaba al mando de la RDA mantenía “bajo control” tanto a fieles como a opositores, y ante cualquier dislate o sospecha actuaba de forma inmediata con la aprehensión, encarcelamiento y desaparición del presunto infractor.

El espionaje entre Estados ha generado infinidad de opiniones, desde aquellas que lo justifican en tiempos de guerra o en la lucha contra el terrorismo y la delincuencia a gran escala, hasta quienes lo ven como una intromisión intolerable en la vida privada del ser humano. Tras las bochornosas revelaciones de Wikileaks del espionaje recurrente que realizan los gobiernos entre sí (incluso contra sus aliados políticos), se destapó el gigantesco depósito de aguas negras que esconden toda la inmundicia excretada por esta oscura actividad desarrollada en gran parte por los servicios de inteligencia de los Estados.

Las perversas interferencias tecnológicas que vemos en la película, hoy son solo juegos de niños frente al hecho cierto e incontrovertible de que los modernos computadores personales (laptops, tabletas y teléfonos celulares), se han convertido en una extensión casi inseparable del ser humano, y esto, junto con las ventajas y desventajas que nos acarrea esto en la vida cotidiana, nos ha expuesto aún más al denominado espionaje electrónico indiscriminado, es decir aquel que se realiza contra los ciudadanos de un Estado.

Tras las última revelaciones de los ‘hackers’ que habrían vulnerado los sistemas de una empresa especializada en espionaje electrónico (‘hackers’ también) y que tendría vinculación contractual con varios países en el mundo, incluido el nuestro, vale la pena preguntarse si en democracia y bajo el amparo y la tutela efectiva de los derechos fundamentales del ser humano ¿un Estado podría espiar impunemente a sus ciudadanos? Por supuesto que no, ningún tipo de paranoia gubernamental justificaría la intromisión en la vida de los otros sin mediar una orden judicial previa, pues en caso contrario se habría incurrido en un grave delito contra el derecho esencial a la intimidad de las personas.

ovela@elcomercio.org