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El presidente Lenin Moreno y su equipo gobiernan para todos los ecuatorianos. Fueron elegidos bajo la bandera de un movimiento político pero ahora dirigen al país y a todos se deben.

Siguen existiendo, por supuesto, otros partidos que, independientemente del gobierno, hacen política en función de sus ideales y propuestas que coinciden o se oponen, según el caso, al gobierno. AP, si bien en el poder, no es el gobierno es un movimiento que se supone le apoya.

En un contexto de pugna interna, se ha presentado una situación que, si no fuera seria, es disparatada. Un Consejero presidencial, ni siquiera ministro, y una Asambleísta, secretaria general de AP, han resuelto viajar a Bruselas para tratar de resolver la confrontación que se ha dado entre el actual jefe de Estado y su antecesor. Cada quien es libre de viajar a donde le plazca, por los motivos que quiera, en su tiempo libre financiado por sus propios recursos y no de los contribuyentes.

Dicen estos personajes que van a promover acercamientos entre los dos líderes pero el presidente Moreno alto, claro y oficialmente los ha desautorizado. Ha afirmado que “el viaje de una delegación de integrantes de AP a Bruselas, para mantener diálogos con un dirigente de la organización política corresponde a una iniciativa netamente particular y no a una acción o encargo del gobierno nacional”. Sorprende que su Consejero desobedezca al Presidente e insista en viajar y que, como no hay justificación alguna para su desplazamiento, la Ministra de la Política busque un pretexto traído de los cabellos que incumple con la disposición presidencial: que realizará contactos oficiales con parlamentarios europeos. ¿Qué, no hay embajada en Bruselas? ¿Qué sabe del viaje la Cancillería? ¿Conoce de la agenda? Todo es un arreglo chocante.

La asambleísta viajera me imagino que sufragará sus gastos con fondos propios o del gobierno chino pues ese es su destino final. Mal haría en tocar recursos de la Asamblea que son del pueblo.

Moreno es el presidente y él toma las decisiones. Rafael Correa fue presidente y tomó las suyas. Dejen a Moreno que asuma sus responsabilidades y, por el contrario, apoyémosle sobre todo en su lucha contra la corrupción y en otras propuestas positivas que ha hecho. Que sus propios compañeros no le generen más problemas inútiles, adicionales a los que ya tiene que resolver.

Este viaje es un despropósito. Las duras expresiones de Lenin Moreno y Rafael Correa hacen imposible un avenimiento que por lo demás al país no le interesa. Deterioran la autoridad del Jefe de Estado, que ya ha zanjado el asunto.

No pretendan tomarnos del pelo y, si no están de acuerdo con lo que resuelva el presidente, lo más honesto es renunciar. Me refiero al Consejero y a la Ministra de la Política.