Jorge León

Que vergüenza, el Presidente

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Un presidente debe encarnar un proyecto político si lo tiene y su Estado, es decir a todos sus habitantes, también traducir en actos y palabras el sentido de sus instituciones, el respeto al pluralismo, por ejemplo, en democracia.

Pero existen iluminados que consideran prioritario representarse a sí mismos, porque encarnarían el bien del pueblo. Ellos, no un plan, un programa, serían el pueblo. Que difícil debe ser así para muchos ciudadanos de EE.UU., que tiene sólidas instituciones políticas, el tener a Trump como su presidente.

La adhesión o rechazo, igual que con los caudillos latinoamericanos, no se limita a las posiciones que pueden ser aceptables, cuanto a sus comportamientos. Así, es la persona con sus modales que atiza la aceptación o no de este político, crea polarización. El caudillo se pone por delante de todo, se vuelve centro de todo, no cesa de vender su persona. Pero él y sus seguidores pretenden que los oponentes lo son porque no aceptan sus políticas.

Sus posiciones sobre un tema que se convertirán en políticas son primero condenas a lo que quiere cambiar y sus autores. El “seguro de salud” creado por Obama es simplemente “malo, no sirve, es pésimo” y sin explicaciones sobre el porqué termina por “debe desaparecer”. Alemania es la potencia industrial europea; sus vehículos y otros productos, ganan mercado en EE.UU. Trump lanza invectivas contra Merkel, concluye que los “alemanes son malos”. Ni una palabra sobre la competitividad que es credo en EE.UU.

La élite de EE.UU., de todas las tendencias, que fue a prestigiosas universidades y amplios sectores de clase media, probablemente sientan vergüenza que Trump sea su presidente, como indican varias opiniones públicas. No se reconocen en sus modales y afirmaciones. Es de esas vergüenzas que calan hondo, crean desazón, indignación y esperan acaso otro momento para desahogarse.

En su reciente viaje a Medio Oriente hizo afirmaciones sobre el Islam y la región, demostrando gran desconocimiento. Sus consejeros tampoco vuelan alto, de ahí sus discursos y el caudillo Trump considera que él sabe todo. Su sentido de venganza aparece frecuentemente. A raíz del reciente atentado en Londres, Trump deforma una declaración del Alcalde londinense pretendiendo que minimiza el drama. Las precisiones que muestran lo contrario, no le impiden afirmar que “es una disculpa patética”. El Alcalde fue uno de los primeros a oponerse a la prohibición de entrar a EE.UU. a la población de ciertos países islámicos.

Por ahora, 63% de la gente de EE.UU. rechaza su uso del Twitter y baja en aceptación. Un gobierno sin caudillo para que su imagen y estilo no se deteriore rápido debe mostrar coherencia. Un caudillo, como vemos, puede durar algo más porque tiene sus adherentes y lo creen. Pero el tiempo es decisivo.

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