Rodrigo Fierro

Venezuela y nosotros

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A partir de cuando en la Tertulia de Lectores que mantenemos desde hace diez años se presentó “El hombre que amaba a los perros” (la historia novelada de Trotski), del cubano Leonardo Padura, sus otros relatos han continuado sorprendiéndonos dada la saña con la que se describen las más variadas situaciones del infierno que se vive en la isla de los Castro, para el hombre del común, la mayoría. Es la demostración, dicen unos, de la libertad de expresión que gozan los cubanos. Para otros, tan leído como es Padura, una fuente de divisas en un país tan necesitado de monedas fuertes como es Cuba. No faltan quienes a mi juicio dan en el blanco: ni con palo de romero se encuentra en los escritos de Padura la menor alusión a los Castro, al Partido Comunista Cubano, a las Fuerzas Armadas de la isla.

Para nadie es un misterio que los cubanos castristas ven a Venezuela como un objetivo de la mayor importancia: sin los 100 000 barriles de petróleo gratuitos, diarios, que reciben, llegarían al colapso de su fuerza productiva. Una vez que el presidente Maduro no es de fiar, no por desleal sino por poco listo, a los cubanos se les dio por intervenir: son los protagonistas de lo que hoy acontece en Venezuela, las Fuerzas Armadas en el poder. 130 soldados y 500 000 guardias nacionales armados con fusiles serán los encargados de mantener el orden y los ideales de Bolívar, Chávez y Maduro, la Patria Bolivariana. Digamos de paso que el ideal Bolivariano no les va ni les viene a los cubanos, tan pragmáticos como son. Con petróleo gratuito y los millones que produce la industria hotelera, tienen para rato.

Convencerles a los generales venezolanos que deban pronunciarse en respaldo a Maduro no debió ser muy complicado para los cubanos. Los peores gorilas sudamericanos han salido de las filas venezolanas. El ‘amor’ y la ‘lealtad’ que Maduro les tiene, los mantendrá sosegados por un tiempo. A lo mejor por años de años, como sucede en Cuba. Los demócratas venezolanos han perdido la partida. Los cubanos se las saben todas.

Aterrizando en nuestro país, está por verse el alcance que han tenido los ajetreos del actual Ministro de Defensa en su propósito de “democratizar las Fuerzas Armadas”. Es un tema de superlativa importancia dentro de la gestión política que le corresponderá realizar al presidente electo Lenín Moreno. Al menos yo no le veo liderando un proceso que nos conduzca a la Venezuela de estos días. Al menos yo no les veo a los oficiales ecuatorianos en el plan de emularles a venezolanos y cubanos. Gorilas entre nosotros no han habido. Nuestras Fuerzas Armadas tienen otro nivel. Los oficiales deben realizar estudios superiores. No son pocos los hijos de elementos de tropa que se hallan en la Escuela Superior Militar. Son elucubraciones mías. El futuro está nuestras manos.