Manuel Terán

Arremetida

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Rehén de sus propios errores e incompetencia, el gobierno de Nicolás Maduro expone cada vez más su inclinación totalitaria y, en un intento por desarticular a la oposición al Régimen, ha movilizado a todo el aparato jurídico militar para privar de la libertad al alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, acusándolo de conspiración. El libreto que seguirá el juicio que se le impondrá a este nuevo preso político ya es conocido. Será el mismo que se aplicó a Leopoldo López, quien cumplió un año en prisión luego de haber sido sometido a un proceso en el cual se le privó de ejercer a cabalidad sus derechos a la defensa que le asistían.

Acosado por la impopularidad, maniatado por sus equivocaciones, el régimen de Maduro ha decidido enfilar en contra de los políticos opositores para tratar de evitar que, en los comicios electorales que deberán celebrarse este año para elegir a los nuevos representantes a la Legislatura, el Gobierno sufra una estrepitosa derrota.

Supondrán que en ausencia de sus líderes, privándoles de la oportunidad de encabezar los movimientos críticos a la gestión gubernamental, será más fácil derrotar a la oposición. Acudirán a cualquier argucia para intentar evadir el dictamen simbólico que dará el pueblo venezolano a su gestión.

Lo que vive el país llanero es realmente un drama de lo más apropiado para un libreto de telenovela del peor gusto. Una economía en bancarrota, propiciada por un populismo exacerbado, en la que es posible encontrar que el valor de una gaseosa quintuplica el precio del galón de gasolina. El desquicio económico ha logrado alcanzar lo impensable cuando la escasez y el desabastecimiento son los problemas diarios que tiene que soportar una población acostumbrada a altos estándares de consumo.

Adicionalmente, los exabruptos del Gobierno, el incremento de la violencia o los escándalos que aparecen en las páginas de los diarios internacionales que alertan sobre la posible existencia de personajes cercanos al Régimen vinculados a grupos relacionados a carteles de la droga, configuran un estado de descomposición tal, que a decir de las encuestas, le pasarían factura a los herederos del chavismo si las elecciones se celebraran en estos días.

Las acciones emprendidas se encuadran, en consecuencia, en la lógica de tratar de evitar la hecatombe, pues, si no llegan a controlar como lo han hecho hasta ahora la Función Legislativa, en la que un militar ha sido el soporte real de todo el tinglado, el proyecto político quedaría seriamente afectado.

Pero es probable que con estas arremetidas el Gobierno no alcance su objetivo y un pueblo hastiado de un manejo retórico y errático los desplace del poder. Lo que les quedará es sacar a relucir su poco convencimiento democrático para cuando apelen a todo el aparataje seudolegal para impedir que se cumpla la voluntad popular. Para ello tienen una bien aceitada maquinaria de propaganda internacional que los secundará en sus prácticas, tratando de justificar cualquier atropello que cometan. Los favores se pagan.