Jorge Ribadeneira

Velasco Ibarra y una bella

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El 27 de febrero de 1935, Quito se conmovió por una novedad transmitida inicialmente por Radio El Palomar. En las curvas de Santa Rosa, 19 kilómetros al sur, un automóvil había volcado a las 6 de la mañana y el chofer apareció muerto con un disparo en la cabeza.

Algo muy grave por añadidura. El fallecido era Antonio Leiva, el conocido chofer del presidente Velasco Ibarra. Se habló de un posible suicidio, luego del accidente, o de un intento de magnicidio. Lo que se hizo público fue que Leiva viajaba a Ambato para trasladar a Quito a una dama guayaquileña muy guapa, María Teresa Ponce Luque.

Ella almorzaría en Carondelet. Otro invitado, que ya se hallaba en Quito, era su padre, Alejandro Ponce Elizalde, un personaje del Guayas.
 Velasco Ibarra se había casado en 1922 con la distinguida dama María Esther Silva. Uno de los padrinos fue el director de EL COMERCIO, César Mantilla Jácome. Poco después, Velasco Ibarra publicaba en este diario una columna con el título de ‘Acotaciones’, firmada por ‘Labriollé’, que fue muy leída y comentada y duró unos nueve años.

Al llegar los años treinta, Velasco Ibarra viajó a Francia e intentó divorciarse de su esposa, lo que fue muy difícil. Encontrándose en París le comunicaron que había sido elegido diputado. Regresó y comenzó su espectacular carrera política, que incluyó cinco presidencias y cuatro caídas.


En Guayaquil, durante una visita previa a la primera presidencia, conoció a la guapa joven Ponce Luque y se hizo amigo de la familia. No hay duda que se enamoró de ella. El biógrafo Robert Norris cuenta que él le dijo “ella fue una de las grandes pasiones de mi vida”.

Pero por los problemas con la primera esposa no pudo pensar en un nuevo matrimonio y en 1935 se cayó, no sin antes nombrar a miembros de la familia Ponce Elizalde para los puestos más altos del Guayas,
 El tema se ha actualizado con una carta aclaración enviada a este Diario -EL COMERCIO- por Josefina María Nevárez Ponce, la única hija de doña María Teresa Ponce Luque, refutando el uso del concepto “amante de Velasco Ibarra” refiriéndose a su difunta madre -murió en el 2001- en un artículo del escritor Pablo Cuvi.

Lo afirmado no es real, dice, ella nunca tuvo durante su vida ningún tipo de aventura con el presidente Velasco Ibarra ni con nadie. Lo que sí es real, anota, es que el gobernante tenía una gran admiración por la belleza y calidad humana de mi madre.


Volviendo al comienzo de esta nota, nunca se esclareció plenamente la muerte del chofer Antonio Leiva, aunque la mayor presunción es que se trató de un suicidio por la angustia que le produjo el volcamiento.

En cuanto a los amoríos del presidente Velasco Ibarra, tuvo varios, pero el mayor fue con la argentina doña Corina del Parral. Él murió en Quito poco después del fallecimiento de ella en Buenos Aires. Dos historias de amor del ‘Profeta’.