César Montúfar

Valores y antivalores

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Los totalitarismos se basan en la apología del antivalor. Las ideologías no democráticas encuentran tierra fértil en la exaltación de prejuicios negativos: odio, venganza, desprecio, intolerancia. Así explicó Hannah Arendt la consolidación del nazismo europeo en la primera mitad del siglo pasado.

Frente a la exaltación de los antivalores las democracias están desprotegidas, decía Arendt. Las masas prefieren la demagogia del odio a los principios y valores que exige el convivir democrático.

Obviamente, los antivalores son un caramelo de atracción para masas sedientas de resentimiento y venganza. Más aún en sociedades atravesadas por la injusticia y la inequidad, existen razones para que esos sentimientos despierten entusiasmo en extensos sectores de la población.

El pluralismo democrático fácilmente es reemplazado por la negación e, incluso, la demanda de eliminación del otro. La política se transforma en un juego de suma cero entre polos irreconciliables. Es muy fácil echar la culpa de todos los problemas a una persona o grupo social. La promesa falsa de los demagogos es redimir a la sociedad suprimiendo a los supuestos culpables.

El populismo autoritario latinoamericano es muy distinto al totalitarismo europeo, pero comparte su exaltación por los antivalores. Los demagogos populistas tienden igualmente a exacerbar manifestaciones políticas de resentimiento, venganza, violencia verbal, lo cual los vende como líderes valientes, frontales, carismáticos y populares. El insulto y la descalificación son su arma principal. El maniqueísmo y la polarización son su prisma para construir la realidad. Su poder se basa en la demolición de los valores e instituciones de la democracia.

Esta reflexión nos lleva a una pregunta fundamental, hoy muy pertinente para el Ecuador, por cuanto el populismo autoritario vigente ha entrado en su fase de declive. ¿Debe la oposición usar la misma estrategia de exaltación de los antivalores en su lucha por la democracia? ¿En otras palabras, será la descalificación total del adversario, la polarización discursiva y política, el maniqueísmo moral, la mejor arma para salir del autoritarismo y construir una democracia en el futuro? ¿En otras palabras, será que en este caso se aplica el adagio popular de que con la misma lana se cura el perro?

Mi respuesta es que no. Las oposición ecuatoriana se equivoca cuando piensa (pensamos) que la mejor forma de combatir el correísmo es igualándolo o superándolo en insultos y descalificación; cuando apela a los mismos antivalores con los que el correísmo nos ha gobernado. Aquello no quiere decir que debamos saludar la complacencia o ser tolerantes con sus fallos; peor disfrazar o esconder la crítica. Significa estar claros en que a un régimen autoritario no se lo combate ni se lo vence con insultos, con prepotencia o imitándolo. La lucha por la democracia debe basarse en los valores de la misma democracia. Solo así lograremos que el mañana se construya sobre bases diferentes y no sea una simple reproducción del presente; con otras caras pero con el mismo espíritu.

@cmontufarm