Grace Jaramillo

¡Vaya
 valentía!

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 7
Triste 3
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 63

“En el fragor de esta lucha, he sentido más de una vez la desesperación y la agonía al ver sepultadas la razón y la justicia… Finalmente, quiero decirles, que son falsos todos aquellos rumores, en el sentido de que renunciaré a la defensa de la menor torturada y ultrajada sexualmente en el caso Glas Viejó. Antes de traicionar a la niña, me suicidaré”.

Este es apenas uno de los extractos más conmovedores de una carta escrita por Pedro Granja, el abogado que tuvo la valentía de defender a la niña que fue ultrajada en su más íntimo ser y cuya vida fue destruida.


Una carta publicada por alguien valiente que desafió al poder en su miseria publicando las historias de mujeres ultrajadas no solo por su agresor sexual, sino –peor aún- por un Estado que solo perpetúa la violencia sexual culpando a la víctima y encubriendo a los perpetradores. Juan Carlos Calderón es el periodista que tuvo la valentía de relatar el martirio de este abogado guayaquileño tratando de defender el infierno por el que estaba pasando una niña y su familia en el libro “No me toques: barbarie contra las mujeres”.


No suelo ocupar mi espacio editorial comentando libros, ni para recomendarlos (porqué lastimar innecesariamente a otros autores que también merecerían el espacio), ni para condenarlos (por similares razones). No obstante, libros como el de Juan Carlos Calderón y ahora el de Pedro Granja, que la jueza Sixta Amarilis Barcos acaba de prohibir, “El caso Glas, lo que sufrió Alicia en el país de las maravillas”, se vuelven imprescindibles. Se convierten en la única herramienta para visibilizar el drama estructural de la violencia sexual.

Con un poder judicial donde los principios no cuentan, el único castigo es el escarnio público, publicando las memorias de cada víctima y de su sufrimiento. Créanme, no solo es en este país. En Estados Unidos, predadores sexuales poderosos como Roger Ailes o Bill Cosby solo han podido ser castigados con escarnio público. Lo de siempre pasa: compran a las víctimas, las “callan” de alguna manera, cuestionan su valía moral y se salen con la suya.

Ailes llegó hasta el punto de ordenar el acoso y la agresión a Roger Sherman, el periodista que osó sacar a la luz todas sus transgresiones.
Los libros de Calderón y de Granja son lo único de “justicia” que se puede hacer por ahora en un país, donde los principios, las leyes, el respeto al debido proceso son un mal chiste. Gracias por su valentía.

Ojalá más hombres pusieran todo en el asador por esta lucha que hasta hace poco era liderada solo por colectivos de mujeres, que llegaron hasta poner letras en la ley para defender a otras mujeres, pero al mismo tiempo han sido olímpicamente ignoradas por los aparatos de justicia. Quienes desde el poder no son capaces de defender a los más humildes de los humildes, niños y niñas cuyas vidas fueron arruinadas por la violencia sexual no merecen nada. Ni siquiera nuestro desprecio.