León Roldós

¿Va a ganar el Si?

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Parece seguro que el Sí triunfará en las preguntas de la consulta y referéndum del 4 de febrero del 2018 y con notable diferencia, lo que impediría fraude alguno que vire los resultados.

El voto duro, por el Sí, será el próximo al 50% de electores que no votaron por Moreno-Glas, en la segunda vuelta presidencial del 2017, salvo segmentos que nunca votarán por el No, porque son anti-Correa; pero, desconfiando de lo que están actuando el Presidente Moreno y quienes son de su entorno –el miedo al cheque en blanco dicen- anularán la papeleta. De hecho, todas las fuerzas políticas han anunciado campaña y voto por el Si, salvo la facción del Correato. A ese voto duro, se sumará un alto porcentaje de los que votaron por el binomio de Alianza País el 2017, que se han apartado del Correato.

La realidad, que se habría pensado imposible, es que después de la década del Correato, los seguidores del todo poderoso de Alianza País, también su gestor electoral desde el poder, sin respetar límite legal o ético alguno, Rafael Correa Delgado, han quedado reducidos a una facción, lo que les obligará a escoger otro membrete. Lo peor para el Correato, que aquello es resultante de la sindicación –como que fuera septicemia- de corrupción, que lleva a que la pregunta dominante no sea ¿dónde ha habido corrupción?, sino ¿dónde no habrá habido corrupción?
¿Cuál será la reacción y el comportamiento del presidente Moreno la noche del 4 de febrero del 2018 y en los días que seguirán? Ojalá Moreno se comprometa en tres puntos:

1) A la verdad, como condición de ejercicio del poder. Con el Sí, en las siete preguntas, no requerirá versiones acomodadas de hechos pasados y de políticas del gobierno, sino transparencia absoluta. Las cifras de endeudamiento y de la economía en general y el estado del Banco Central y del IESS, preocupan.
La verdad implica no permitir que se oculte la corrupción –anterior o en riesgo que se dé- y la recuperación o reparación de los perjuicios que haya causado.

2) A desmontar la farsa de institucionalidad que montó el ejercicio abusivo del poder por Correa, para hacer y deshacer, beneficiar y perseguir.
El Ecuador no sólo rechaza aquello, sino que no quiere que Moreno, ni quien lo suceda en el poder, la tenga vigente, aun cuando no la usen, solo “por un acaso”.

3) A no sesgar problema o demanda alguna, pero no ofrecer soluciones milagrosas, sino decisiones y acciones con cronogramas que pueden establecerse.

Lenín: su antecesor, Rafael, asumía ser una especie de resurrección de Bolívar y de Alfaro. “Sólo falta que me lleven a la hoguera bárbara”, le escuché.

Usted recuerde a Clemente Yerovi, el año 1966. Con plenos poderes, fue impecable en su condición de demócrata.

lroldos@elcomercio.org