Rodrigo Borja

Urbanismo

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Platón decía, hace más de 24 siglos, que “la más bella y la más alta de las formas de la sabiduría es la que se ocupa de la organización de las ciudades”.

Y Le Corbusier -el célebre arquitecto suizo nacionalizado en Francia- afirmaba que el urbanismo y la arquitectura son la manifestación del espíritu de una época. O sea parte de la cultura de un pueblo.

En nuestra época las cosas han cambiado. El urbanismo ha devenido en la concentración de población en las ciudades y la superconcentración en las áreas metropolitanas, como consecuencia del crecimiento explosivo de la población, las migraciones campesinas aluvionales que se aglomeran en las zonas urbanas y, en lo que a Europa occidental y EEUU se refiere, la inmigración latinoamericana que huye de la pobreza y las inmigraciones árabe y africana que fugan del hambre y la violencia. Y el alud humano -en tan precarias condiciones de hacinamiento, ruido y contaminación ambiental- ha degradado las formas de vida y generado desórdenes de comportamiento social.

Atribúyese a José Martí la ingeniosa frase de que, “cuando los habitantes de un pueblo emigran, no son ellos los que debían emigrar sino sus gobernantes”.

Lo cierto es que la cuestión migratoria es uno de los grandes conflictos del mundo contemporáneo. Se calcula que 192 milones de personas viven fuera de sus países de nacimiento.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible -Hábitat III-, que acaba de reunirse en Quito -después de las de Vancouver en 1976 y Estambul en 1996-, en su documento final: la “Nueva Agenda Urbana” -plagado de retórica-, pretende sentar las bases estratégicas para el desarrollo citadino del futuro.

En lo que a las urbes hispanoamericanas se refiere, el chileno Miguel Rojas Mix describe con mucha gracia en uno de sus libros a los personajes populares que en los días de la colonia desfilaban por la Plaza Mayor: el fraile, la beata, el juerguista, el aguatero, el vendedor de ojotas, el jinete, el sereno de las madrugadas, todos quienes se estamparon en las páginas de la novela latinoamericana -”Manuela” de Eugenio Díaz Castro, “María” de Jorge Isaacs, “El Chulla Romero y Flores” de Jorge Icaza y muchas otras-, que dibujaron a los protagonistas de la plaza colonial.

¡Cómo han cambiado los tiempos!
Hoy las ciudades, abarrotadas de gente, han desbordado todo: espacios, leyes y costumbres. Es la hipertrofia del urbanismo en la sociedad de masas contemporánea. El alud humano -en tan precarias condiciones de aglomeración, ruido y contaminación- ha degradado las formas de vida social.

En África el hacinamiento es tan brutal que hay más de tres personas por habitación, y que, por ejemplo, en un asentamiento urbano de Harare, en Zimbabue, 1.300 personas comparten un baño compuesto por pozos que hacen de letrinas.