31 de December de 2010 00:00

Unión

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María Cárdenas R.

Hoy es el último día de un año complejo para el país que, como resultado, nos descubre una palabra: desunión. El Ecuador se encuentra separado en grupos, religiones, regiones y partidos, gracias a calificativos usados libremente para seguir logrando un efecto divisorio que no puede ser peor para un territorio delimitado con una cultura ya de por sí valiosamente diversa. Hemos olvidado que en esas diferencias o, la diversidad de nuestra naturaleza, pueblos e ideas, está la riqueza, siempre y cuando, haya unión y seamos uno solo luchando por un porvenir mejor. Debemos buscar la unión que crea y representa fuerza, no la destrucción para el bienestar de unos pocos que siguen intentando convencernos de que el país es de todos.

El Ecuador era reconocido como una isla de paz, un paraíso donde crecían las diferencias en una próspera unión. Hoy existen, como siempre las mismas diferencias, pero solo una vale, la que conjuga con quien tiene el poder sabatino de comunicarse con todos y, sin verguenza alguna, menospreciar a todos indistintamente sin derecho a réplica.

Hasta hace poco hubiera invitado a la tolerancia como una posible solución, pero esta ya no basta, aunque sigue siendo indispensable. La tolerancia y el respeto a ideologías distintas que no sean iguales a las del mandante es obligatoria. Equivale al respeto histórico de lo que conforma el país y a las simples diferencias humanas.

No estamos libres de corrupción, la violencia e inseguridad aumentan vertiginosamente, las leyes se reforman y vuelven a cambiarse al capricho de la sensación del día. No sabemos a qué bando pertenecemos, pues lo único que debemos reafirmar es que somos ecuatorianos y el país nos necesita unidos, no maquiavélicamente separados.

Que el año que despunta marque la diferencia con una verdadera revolución mayoritaria. Que retomemos la decisión de caminar hacia adelante pareciéndonos únicamente a nosotros mismos ya que, las condiciones de nuestro país son únicas, nadie se nos parece y con nadie podemos compararnos. Las leyes que surten efecto en países vecinos no tendrán la misma química en el nuestro. No permitamos más que se nos trate como el laboratorio de prueba de ideologías y prácticas extrañas a nuestro espíritu y, menos aún, la extensión de la realización de los sueños de otro, así este nos confunda vistiendo alegremente de rojo.

Que el 2011 sea el año de la revolución de la reunificación, en el que unidos, un solo Ecuador se revele contra las calificaciones baratas y populistas. Que nos basemos en la esperanza de volver a ser todos iguales en una diversamente única y orgullosa nación, unida por la decisión de acabar con el separatismo populista. Este debe ser el año de la unión.

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