José Ayala Lasso

La Unesco

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12 de November de 2011 00:01

En 1945 se firmó la Carta de la ONU y empezó a construirse el nuevo sistema multilateral mundial. En tal contexto fue creada la Unesco, encargada de los temas de educación, ciencia y cultura. Todos los pueblos, recordando los horrores de la guerra, buscaban fortalecer la paz. Por ello, en el preámbulo de su constitución se lee: “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres que deben erigirse los baluartes de la paz”. (¡Atención, Carondelet!)

Su primer director General, Julian Huxley, afirmaba que la Unesco debe reflejar un humanismo universal, científico y evolucionista, libre de sectarismo, que busque explicar la existencia humana y que tome posición frente a los problemas. Al avizorar las diferencias que pudieran surgir entre los estados, la Unesco resolvió trabajar sobre una base mínima identificada por consenso. Maritain, el filósofo francés, decía que “el último reducto de un acuerdo de los espíritus es suficiente para emprender una gran obra”. (¡Atención, Carondelet!)

Durante la guerra fría, la organización trabajó en algunos programas que no contaron con ese “acuerdo de los espíritus”, especialmente el “nuevo orden económico” y el “nuevo orden de la información”. Los EsE.UU. le acusaron de haberse politizado y mantener una actitud hostil en relación con instituciones básicas de una sociedad libre y se separaron de ella. El impacto político y financiero fue duro y se prolongó por casi dos décadas. La crisis puso de manifiesto la indebida presión que los mayores contribuyentes pueden ejercer sobre un ente multilateral pero, al mismo tiempo, subrayó la necesidad de atender y respetar los criterios del mundo en desarrollo, componente ético indispensable del orden internacional.

Las gestiones de la Unesco para restablecer la universalidad en su membrecía fructificaron, en 2002, cuando Washington se reintegró. El problema del Oriente Medio jugó un papel importante en ese proceso, como lo dijo Federico Mayor, nuevo Director General. Ahora ese problema ha vuelto a actuar: al ser aceptada Palestina como miembro pleno de la Unesco, Washington ha decidido suspender el pago de sus cuotas . Canadá e Israel han seguido su ejemplo. Es lamentable que se pongan cortapisas a las decisiones que legítimamente adopta la Unesco. No es cerrando los ojos a la realidad lacerantes del prolongado conflicto entre Palestina e Israel que se facilitará su solución. ¿Acaso no significa nada el reciente diálogo entre Obama y Sarkozy sobre la conducta de Netanyahu? Bien ha hecho nuestro país al favorecer la admisión de Palestina. La reciente elección del Ecuador como miembro del Consejo Ejecutivo le ofrece una óptima oportunidad para contribuir al fortalecimiento de los principios y objetivos de la Unesco.