19 de March de 2011 00:00

Unasur

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José Ayala Lasso

El 11 del mes en curso entró en vigencia el Tratado constitutivo de Unasur, organización que agrupa a doce países sudamericanos. Solamente Brasil y Paraguay no han depositado aún los instrumentos de ratificación del acuerdo.

El propósito fundamental de Unasur es construir progresivamente un amplio espacio de unión, integración y concertación de políticas en lo económico, social y cultural. No contiene diferencias sustantivas en relación con otros esquemas de integración surgidos en América Latina. Su característica singular consiste en propiciar un entendimiento regional limitado al espacio sudamericano, lo que deja de lado a los países de América Central, el Caribe y América del Norte. Algunos analistas han querido encontrar, en la iniciativa, el deseo de excluir a los Estados Unidos.

Los procesos integracionistas son un mecanismo probadamente útil para propiciar el desarrollo colectivo de los países miembros. Solamente mediante el esfuerzo concertado y la creación de grandes espacios se puede negociar con éxito en un mundo cada vez más competitivo. La llamada “era del conocimiento” exige transformaciones y esfuerzos que los estados no pueden asegurar trabajando separadamente. Las ideas tradicionales de la “soberanía” van cediendo ante la constatación de que los estados son interdependientes, lo que les convoca éticamente a ser solidarios.

En tal sentido, hay que saludar con beneplácito el nacimiento de Unasur. Aún antes de que entrara en vigencia su estatuto constitutivo, ha tenido actuaciones exitosas en defensa de sus principios fundacionales, como ocurrió con la rebelión de Santa Cruz, en Bolivia. Algunas obras de integración física, como carreteras y poliductos están en marcha. El Consejo de Defensa se ha constituido exitosamente. Será necesario que los países miembros examinen con realismo los problemas de la región, dejando de lado sus alineamientos ideológicos, y adopten decisiones concretas y viables para resolverlos. Los límites objetivos de la acción internacional no pueden ser eliminados simplemente a base de voluntarismo.

Los miembros de Unasur propusieron la Secretaría General al ex presidente Rodrigo Borja, cuya acertada visión sobre las condiciones para conferir eficacia al nuevo organismo no encontró eco en algunos gobiernos, lo que le indujo a declinar la propuesta. La prematura muerte del ex presidente Kirchner puso fin a su mandato. Surgió entonces la candidatura del ex canciller Francisco Carrión, pero el Gobierno ecuatoriano resolvió -inexplicablemente- no apoyarlo. La Secretaría General será desempeñada sucesivamente, a medio tiempo, por una ex canciller de Colombia y un ex ministro de Venezuela. En sus manos queda la grave responsabilidad de conferir eficacia y prestigio a este naciente proceso de integración.

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