Manuel Terán

Una situación crítica

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La semana ha sido prolífica en hechos que merecen más de un comentario. El más lamentable la trampa criminal en la que cayeron víctimas tres militares ecuatorianos, poniendo en evidencia que las ramificaciones de ese negocio que corrompe todo lo que toca está instalado en nuestro territorio y hay que tratarlo como lo que verdaderamente es, una amenaza a la que no se le puede dar la oportunidad de expandirse y hay que combatirla con toda la fuerza de la ley. Sin embargo, la coyuntura exige pronunciarse sobre las declaraciones que el Secretario de la Política del Régimen, Miguel Carvajal, ha emitido y en las que lacónicamente reconoce el estado de desmantelamiento en que se encuentra el erario público. No lo dice, pero se colige, que el espacio para superar la nefasta herencia correísta es reducido. La importancia de la declaración radica en que no es emitida por un opositor al régimen anterior sino, nada menos que por un ex-colaborador de ese gobierno que ocupó altos cargos y que, como tantos otros, mientras fue parte de esa administración callaron y permitiendo que el problema aumente, de tal forma que ahora existe poco margen para buscar correctivos que eviten que el sistema colapse. Ventajosamente la alarma proviene de adentro del régimen, así no existe riesgo que se diga que se propalan rumores falsos.

Pero el problema persiste y se complica cuando las autoridades económicas se resisten a poner freno a una inercia que nos está causando enormes inconvenientes. Parecería que se aproxima una reforma legal que busca eliminar los candados al endeudamiento. Todo para evitar tomar el toro por los cuernos, encapsulados en consideraciones ideológicas que se repiten hasta la saciedad pero que, en los hechos, agravan la delicada situación.

De otra parte, los anuncios de tratar de incrementar recursos por la vía de subir las tarifas de los impuestos existentes o crear nuevos, chocará con la realidad que encuentra a una población agobiada por una enorme carga tributaria de todo orden. Es más, en esta columna se ha sostenido que cualquier esfuerzo que se pida a la ciudadanía debería ir acompañado por el compromiso fiscal de reducir gastos.

Sin embargo, esa no ha sido la práctica. Se extraen recursos de los particulares para alimentar un expendio insaciable, continuando el despilfarro y el clientelismo. Nada se hace por retornar a un manejo técnico de las finanzas públicas.

Las declaraciones motivo de este comentario son delicadas y revelan la falta absoluta de una estrategia firme para enfrentar el problema. Resulta imperioso que el gobierno presente una propuesta seria para afrontar la crisis y emita una señal que brinde tranquilidad a los actores económicos. No se puede continuar manejando este dislate con recetas y propuestas que sólo lo han empeorado. No sea que, obligados por las circunstancias, nos veamos avocados a realizar un ajuste, ese si severo, si no queremos que se nos caiga la estantería.