Fernando Larenas

Twitter, la guerra imaginaria

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Hay guerras, además de las militares, pero las más preocupantes son las imaginarias, las inventadas. Por los años noventa del siglo XX hubo un presidente en Ecuador que se peleaba con los fantasmas que lo acechaban en el palacio desde donde pretendía gobernar; a los pocos meses salió corriendo con todos sus fantasmas y hasta ahora no regresa. Lo advirtió hace poco más de un año el comediante inglés John Oliver: “Nunca nadie ha ganado una guerra en Twitter o en Facebook”. En la misma época, el político colombiano, Antanas Mockus, opinó que si las guerras son por Twitter y no causan muertos “háganme la guerra”.

Hasta ahora nadie explica, con razones (no con emociones) en qué consiste la guerra de Twitter, una plataforma creada el 2006, que estaba destinada poco menos que a apoderarse del planeta virtual. Pero en Ecuador no hay más de dos millones de usuarios de Twitter, frente a más de ocho millones en Facebook. Según Alexa, una herramienta de ranking de audiencia, en nuestro país YouTube y Facebook son las plataformas más visitadas; Twitter ocupa el puesto 18, incluso por debajo de varias páginas web de medios de comunicación.

Entonces, ¿por qué esa desesperación tan grande de declarar la guerra a los tuiteros que en esa red opinan sobre temas incompatibles con la visión oficial? Solo para conocimiento general, en el universo de los medios sociales de mayor demanda en la actualidad figuran Facebook, YouTube, Instagram, WhatsApp, WeChat y la nueva y sorprendente Snapchat. Todas crecen a un ritmo vertiginoso, en tanto que Twitter permanece estancada, incluso en Estados Unidos.

Por si no lo saben los políticos la red, simbolizada a través de un pajarito azul, es considerada como una herramienta capitalista. Solo por ese detalle debería ser ignorada por los usuarios de pensamiento socialista. Sin embargo, el intento por derrotarla no ha sido efectivo. Lo intentó Quitter, creada por un sueco anticapitalista, pero fracasó.

El periodista especializado en tecnología, Joshua Topolsky, observa la falta de rigor en Twitter, principalmente porque no se verifican las fuentes. Denuncia la creciente ola de acoso y abuso que los usuarios del servicio llevan a cabo y lo que denomina “los rebaños errantes de las comunidades de odio, misoginias y los bien organizados GamerGate, que inundaron a las personas con mensajes de odio y amenazas”.

En las guerras reales que todos deberíamos coincidir es en contra de la ignorancia, como escribir con faltas de ortografía. Ahí tienen un ejemplo real: En un documento público de una entidad de educación se cometieron 243 faltas de ortografía y de sintaxis en apenas tres páginas. La guerra contra la ignorancia no debe ser imaginaria, debería ser drástica y sin tregua. Twitter algún día se acabará y no hay que darle más importancia de la que tiene.