Alexandra Kennedy-Troya

Turquía, más allá de la historia

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El heladero turco es un mago; un helado parecido a una melcocha aparece y desaparece frente a tus ojos. Casi en el suelo, una larga paleta que salió de algún recóndito sitio recoge antes de caer la bolita de helado que estás listo a engullir. Magos también en el comercio y el regateo; un juego del que no se libran vendedores callejeros ni hoteles de varias estrellas.

Miles de turistas entran a este país bisagra, que une Europa y Asia. Creo que la mayoría lo hace buscando la cultura material de una fascinante historia de forcejeos entre Oriente y Occidente y del que aún quedan monumentos clásicos, como las ciudades de Afrodisia o Troya; del temprano cristianismo y el imperio bizantino, Hagia Sofia, de las centenares de mezquitas y palacios otomanos, como la Mezquita Azul o el Palacio de Topatki.

Supongo que también vamos detrás de sus olores a rosa y miel y sus peculiares sabores llenos de especias, como el cardamomo o la canela. Nos atrae un mundo islámico “seguro”, un mundo que nos ha sido vedado por los políticos y la prensa, por nuestras miradas complacientes hacia nosotros mismos y nuestra incapacidad de ver más allá de lo que nos rodea.

De hecho, en los días de mi visita a este país, unos 3 000 km recorridos, pese a mi dedicación a la historia, no fue precisamente ese aspecto el que más me sorprendió. Me capturó el ahora; los raptos místicos a la hora del rezo. Las mezquitas llenas de creyentes; hombres y mujeres orando por separado. Cerca de Konya, en el mausoleo de Mevlana, poeta y líder sufi, cientos de turcosy visitantes pasan a honrar su nombre.

Asimismo, el lugar donde viviósus últimos años la Virgen María, su retiro en una colina cerca de Efeso. Conmueven la sencillez y el silencio. Impresiona la tolerancia, seguramente consecuencia de las reformas de Atatürk, el presidente que después de la I Guerra Mundial reconfiguró a Turquía como un país de Occidente. Y lo hizo cambiando el alfabeto árabe por el latino, el calendario al gregoriano, los imanes ahora serían designados por el gobierno; prohibió el fez, el sombrero tradicional y el velo para las mujeres y les entregó el derecho al voto. Embarcó a Turquía por un viaje a Occidente sin retorno.

El eterno candidato a la Unión Europea tiene un sector inmobiliario pujante. Las ciudades son nuevas; se destacan el edificio en serie, la plaza en serie; se distingue de cualquier ciudad nueva española por su mezquita de cúpulas plateadas, iguales a las de antaño. El Gobierno se propone renovar 6,5 millones de viviendas, realizar el tercer aeropuerto en Estambul, un tercer puente sobre el Bósforo y un túnel submarino que una Asia y Europa. Alemania es su principal socio comercial, de una nación que produce enormes cantidades de vehículos a motor, barcos, insumos agrícolas y comerciales, artefactos para el hogar y textiles. Con orgullo se dicen ser autosuficientes y su crecimiento medio es del 5%, según fuentes oficiales.

He sido literalmente tomada por lo que sucede hoy y por cómo la tradición y la modernidad se han dado de la mano y el real deseo de comunicarse a como dé lugar.

akennedy@elcomercio.org