Enrique Ayala Mora

Triunfo radical

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En la lucha contra el estado latifundista se fue formando a fines del siglo XIX un ejército insurreccional. Los campesinos que lo integraban, eran liderados por hacendados radicales, intelectuales y soldados proscritos, que fueron constituyéndose en una suerte de estado mayor. Ideólogos convertidos en capitanes marcharon junto a las curtidas fuerzas de don Eloy Alfaro. Cuando este 5 de junio de cumplió un aniversario más del triunfo del ‘Viejo Luchador’, vale la pena una reflexión sobre sus montoneros.

Los montoneros eran campesinos, pero los financistas de la guerrilla, cuando no eran sus propios jefes, como Alfaro, estaban entre los destacados comerciantes y banqueros, que personalmente preferían jugar la carta de la constitucionalidad y militaban en el liberalismo moderado. Encontraron la oportunidad de hacer una buena inversión y proteger sus intereses futuros. A la vuelta de pocos años, luego de haber estado cerca de los gobiernos ‘civilizados’ del progresismo, fueron los prohombres de la transformación liberal.

De este modo, la montonera, pese a su radicalismo verbal, no fue más allá del carácter de clase que tuvo el movimiento liberal por su principal sostén social. Como luego lo probarían los hechos, aparte de una que otra reforma legal, el Estado Laico no trajo ningún avance real para las masas campesinas. Los actos más agresivos del radicalismo en su lucha por el poder y luego en el gobierno, estuvieron orientados a consolidar las posiciones arrebatadas al clero en la pugna por el control ideológico.

Desde las primeras revueltas montoneras, el ‘Viejo Luchador’ fue la figura del radicalismo. El grito “Viva Alfaro” fue todo un programa y un desafío al orden establecido. Cuando Antonio Flores, en su intento de apertura, había ofrecido la paz al caudillo y le pidió escoger una representación diplomática, don Eloy contestó: “Me es muy doloroso que se propongan estas cosas, anteponiéndose el ofrecimiento de empleos. El Dr. Flores no es liberal y si quiere la paz, debe entregar el poder al liberalismo. Que no me entregue el poder a mí, sino a la persona que él elija, con tal que sea liberal”.

Esa actitud causaba miedo. Luego del 5 de junio de 1895, la reacción del clero fue extrema. Decía el Arzobispo de Quito: “Monstruo es del infierno, espantoso, indescriptible el liberalismo y el radicalismo; es la gran ramera de Babilonia que vio San Juan en la Apocalipsis, como una mujer sentada sobre una bestia, llena de nombres de blasfemia. ¡Vedla! Embriagada está la ramera con la sangre de los mártires de Jesús”.

Pero Alfaro ganó y su radicalismo se expresó en su lucha por la desclericalización del país, la reforma educativa y la construcción del ferrocarril, obras que marcaron a un nuevo período de la historia ecuatoriana.