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Según la última encuesta realizada por la empresa Market, los tres candidatos favoritos de oposición, Cynthia Viteri, Guillermo Laso y Paco Moncayo, están en un empate técnico, es decir que la diferencia entre ellos es inferior al margen de error de las encuestas. El candidato de Alianza País, Lenin Moreno, está en posición adelantada, pero las últimas novedades políticas han reducido sus expectativas. Así las cosas, la campaña tendrá cierto nivel de dramatismo con tres candidatos esforzándose por llegar en segundo lugar y el candidato que va en primer lugar tratando de alcanzar los votos que le faltan para evitar la segunda vuelta que podría serle fatal.

Los tres candidatos de oposición han llegado a un punto de saturación y los elementos de mayor valor electoral como las alianzas y los binomios, ya rindieron todo el potencial que tenían. Pueden poner como prioridad el derrotar a los amigos antes que al adversario.

El candidato oficial, por su parte tiene, aparentemente, un techo difícil de perforar y lo que pueda ganar, gracias al aparato estatal y sus propias virtudes como candidato, será neutralizado por la crisis económica, los casos de corrupción y los errores del gobierno.

Ocupados los candidatos casi exclusivamente en las estrategias para ganar votos, no se ocupan de dos problemas fundamentales que deberían resolver porque están relacionados con las posibilidades de la victoria. Uno de los problemas es la transparencia del proceso electoral y el otro la solución de los problemas emergentes después de la victoria. Los problemas son diferentes para el candidato oficial y para los de oposición, pero todos tienen algo que resolver.

Para los candidatos de oposición asegurar la transparencia en las elecciones es fundamental. Se ha denunciado públicamente que hay un millón de electores en exceso en el padrón; si eso fuera verdad, si hay muertos, ausentes o extranjeros, podrían no quedarse solo en el padrón sino que podrían “acudir” a votar y declarar derrotados a los vencedores. Para el candidato oficial el problema será no solo ganar las elecciones sino hacer creíble su victoria.

El segundo problema para opositores y, eventualmente para el candidato oficial, será librarse de los funcionarios “incómodos” que dejará nombrados el actual gobierno; algunos de ellos durarían más que el presidente electo.

Los candidatos y sus estrategas analizan fórmulas como Asamblea Constituyente, Consulta Popular y fórmulas menos transparentes; todas encontrarán dificultades en los candados jurídicos.

Basta echar un vistazo a lo que ocurre en Argentina con la Procuradora General Gils Carbó. El gobierno ha intentado hacerla renunciar sin éxito; intentó cambiar las leyes, pero no tiene apoyos suficientes; intentó un juicio político y no encuentra las causales legales. Lleva ya un año en su puesto y es, de facto, vitalicia.