Enrique Echeverría

Tramitología

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De un tiempo atrás se proclama, en todas las voces de gobierno y de la ciudadanía, el propósito de cambiar la matriz productiva.
Aparte de los escollos económicos, hay uno que causa mucho perjuicio y es el relativo a los trámites a que debe someterse el interesado.

Recordemos nuevamente la afirmación del excontralor Dr. Luis Hidalgo López: “La enorme cantidad de normativa jurídica que se encuentra formalmente vigente en el país, es evidente”.

Realizando una comparación, si se quiere vulgar, el ciudadano es como la mosca que cae en la telaraña. Se publican tantas leyes, reglamentos, acuerdos ministeriales y hasta “instructivos” a que debe someterse el aspirante, cuya atención requiere tiempo, además de numerosos gastos.

¿Ser un “emprendedor”? Difícil. Porque en su propósito de no buscar un empleo, debe pasar por esa dura experiencia. Muchos se quedan en la mitad del camino y no logran formar ni la pequeña empresa, ni tener ocupación para él y para algunos empleados; ni oportunidad para que el Municipio y el Fisco reciban dinero de la nueva producción. ¿Queremos un ejemplo concreto?

Un joven graduado en la universidad, especializado en Turismo, en lugar de buscar “un empleo” decidió emprender negocio propio, sobre todo en esta época cuando se proclama la bonanza de los visitantes extranjeros que dejan su dinero.

Para empezar, debía obtener la patente municipal, por ser considerado agente. Para pagar la patente anual, debió satisfacer una “tasa de turismo” y el aporte para el Cuerpo de Bomberos. Debía afiliar a la empresa que todavía estaba en proyecto, a la Cámara de Turismo, pero también al Ministerio de Turismo. El aporte a la Superintendencia de Compañías y hasta un impuesto al Municipio por los activos fijos, entraban entre las exigencias. Mas, eso no fue todo: se debió atender obligaciones con el Servicio de Rentas Internas; por los empleados que debe contratar, cumplir con la normativa laboral y, de paso, con el Seguro Social en lo relacionado a la afiliación.

Más aún, hay que arrendar un local, que no es nada barato. Pagar la luz, el agua potable, el servicio de teléfonos y la actual Internet. Si tiene suerte, paciencia y tesón, al cabo de unos años comenzará a tener utilidades, al principio más que modestas.

Es probable que algo haya cambiado, pues estas exigencias se requerían en el año 2013.

Ahora, con motivo del “cambio de la matriz productiva” deben volver a lo razonable: facilitar los buenos propósitos de crear empresas y no colocar en el camino tanto problema, tanta exigencia económica y, lo que es peor, tanto tiempo. El Ecuador de hoy, atado a semejante tramitología, parece que es considerado un desocupado a quien le sobra tiempo para ir, volver, retornar cuantas veces sean necesarias. ¿Cómo cambiar la “matriz productiva” en semejantes circunstancias?

eecheverria@elcomercio.org