Vicente Albornoz Guarderas

El trágico retro de la matriz productiva

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¿Cómo se podría medir el cambio en la estructura productiva del país? En serio: ¿qué dato se podría usar para estimar la velocidad con la que la economía ha ido caminando hacia una mayor diversificación y hacia la producción de bienes elaborados, con mayor valor agregado?

En este tipo de cosas no hay absolutos, pero propongo medir ese avance con base en la evolución del siguiente dato: “las exportaciones industrializadas no tradicionales”.


Estas exportaciones, como su nombre lo indica, son productos elaborados. Pueden ser concentrados de frutas, baldosas o vehículos, lo importante es que tengan algún nivel de elaboración.
Pero, además, tienen que ser productos no tradicionales.

Exportar café tostado está muy bien, pero es algo que ya se lo hacía hace 50 años, por lo tanto no es una gran innovación. De manera que el crecimiento de las “exportaciones industrializadas no tradicionales” parece un buen indicador de cómo ha evolucionado la estructura productiva del país.

Además, si somos capaces de exportar algo, significa que somos competitivos a nivel internacional y que no se trata de alguna industria que vive artificialmente gracias al proteccionismo.
Entonces, veamos la evolución de las mencionadas exportaciones.

Hace 25 años, el Ecuador exportaba pocas manufacturas no tradicionales: en 1990, eran sólo 147 millones de dólares. Pero el proceso de apertura comercial de esos años logró que nuestra estructura productiva cambiara y empezamos a exportar cosas que nunca antes habíamos vendido a otros países.

Y de esa manera nuestras “exportaciones manufacturadas no tradicionales” crecieron a un promedio de 18% anual hasta el 2008.


Un país que logra sostener durante 18 años una tasa de crecimiento tan alta de exportaciones diferentes a las de su pasado, es porque está pasando por un proceso de transformación estructural. Y eso no es nada despreciable, al contrario, es un gran mérito de ese país. Lo bueno es que ese país éramos nosotros.


Lo malo es que el verbo “éramos” está conjugado en pasado. Porque, si bien entre 2008 y 2012 esas exportaciones siguieron creciendo (aunque más lentamente, al 6% anual), desde el 2012 empezaron a caer. Y para el 2015 se ubicaron casi en el mismo nivel del año 2008.


En otras palabras, la evolución hacia una país con una producción más diversificada y con mayor valor agregado empezó a revertirse. Algo que en los 18 años entre 1990 y 2008 avanzó rápidamente y entre 2008 y 2012, aunque lentamente, siguió avanzando; desde el año 2012 está en retro.


¿A qué se debe ese retroceso, luego de tantos buenos años? Pues a demasiadas regulaciones, al desdén por la producción y al desprecio por el ahorro en un país que cada año se volvió más caro. Y no, no fue la dolarización, porque hasta el 2008 crecimos rápido y hasta el 2012 seguimos creciendo.