Rodrigo Borja

La tragedia griega

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Grecia -el pequeño país de 11 125 000 habitantes asentados en un territorio de 131 990 km2— está al borde de la quiebra total. Sufre un monstruoso desorden fiscal y tributario, caos financiero, cesación de pagos, sobre-endeudamiento público -su deuda representa el 177% del producto interno bruto-, descapitalización financiera, depresión productiva, masivo desempleo -entre los jóvenes el índice supera el 60%- y empobrecimiento social. Todo esto a causa de la incompetencia gubernativa, dispendio de fondos públicos, despilfarro oficial, crecimiento explosivo de la burocracia estatal, gastos militares excesivos, vagancia burocrática y corrupción administrativa de quienes desfilaron por el poder desde los años 70 durante la llamada “Tercera República”: Stasinopulos, Tsatsos, Karamanlis, Alevras, Sartzetakis, Stephanopoulos, Papoulias y Pavlopulos.

Sus grandes acreedores -la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional- le propusieron un programa de salvamento y rescate económico, fiscal y financiero para superar el estado crítico de la economía, que contemplaba recortes del gasto público, austeridad, reducción de las pensiones de jubilación -los griegos se jubilan a los 50 años-, aumento de impuestos y otras medidas recaudatorias.

La respuesta del gobierno presidido por el joven primer ministro Alexis Tsipras, que asumió el poder hace cuatro meses con la Coalición de Izquierda Radical -amplia fusión de socialistas democráticos, marxistas, maoístas, trotskistas, eurocomunistas, ecologistas de izquierda y militantes de grupos contestatarios-, fue promover la consulta popular el 5 de este mes sobre el programa de rescate propuesto por los países europeos.

El voto “no” alcanzó el 61,31% y el “sí” 38,69%. Fue rechazada la propuesta europea porque vulneraba la soberanía nacional y la autonomía fiscal y sometía al país a una profunda austeridad.

Sus principales acreedores son Alemania con 69 500 millones de euros, Francia 52 800 millones, Italia 46 300 millones, España 31 400, Holanda 14 800 y Bélgica 9 100.

El gobierno se vio forzado a cerrar los bancos y los ciudadanos hicieron largas filas ante los cajeros automáticos para obtener un máximo de 60 euros por día para la subsistencia.

Entonces la Unión Europea dio un ultimátum a Grecia: acepta las condiciones planteadas o se atiene a las consecuencias de su quiebra total y asfixia financiera.

Al gobierno de Tsipras no le quedó más alternativa que aprobar en el parlamento las profundas reformas sugeridas y responder de sus dramáticas decisiones ante la opinión pública de su país, los partidos políticos y, adicionalmente, el ala más radical de su propio partido Syriza. Y entonces Europa ha comenzado a auxilar a Grecia en medio de la alegría de los conservadores, la deserción de dirigentes y diputados del partido gobernante y la protesta popular en las calles.