Mario Osava

Trabas a reforma de Dilma

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Mario Osava
IPS

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, reelegida el domingo 26 para un segundo mandato, destacó la reforma política como el primer desafío a enfrentar, entre los muchos que tiene por delante, incluidos el deterioro económico y la crisis energética.

Pero su gran promesa electoral ya comenzó a complicarse.Su propuesta de promoverla mediante una consulta popular y un plebiscito es rechazada por su principal aliado, el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), la nueva mayor fuerza parlamentaria, que defiende que el Congreso Nacional legislativo protagonice los cambios para su posterior ratificación en referendo.

El disenso por los intereses en juego llena de obstáculos el camino, aunque es prácticamente consensual la necesidad de cambiar las reglas políticas, especialmente las electorales. Más de 20 proyectos de ley y enmiendas constitucionales sobre el tema están paralizados en el bicameral parlamento, fragmentado en 28 partidos desde enero.

“Solo una movilización de la sociedad podrá destrabar la reforma política”, presionando el parlamento que, “dominado por intereses corporativos, no representa la diversidad de la población”, sostuvo Cándido Grzybowski, director del no gubernamental Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos (Ibase).

Al poner el tema, la Presidenta “le da visibilidad” a una necesidad desnudada en las elecciones generales este octubre y en las masivas protestas sociales de junio y julio del 2013, que “siguen latentes” y pueden volver en cualquier momento, ante la falta de respuestas, advirtió Grzybowski a IPS.

Para atender los reclamos difusos, Rousseff propuso públicamente entonces por primera vez un plebiscito para autorizar una asamblea constituyente exclusiva para la reforma política. La iniciativa no tuvo apoyo en el Congreso, del que depende la convocatoria de un plebiscito, pero movilizó 482 sindicatos, asociaciones variadas y organizaciones no gubernamentales que realizaron en septiembre último un “plebiscito popular” en que votaron 7,75 millones de personas, 97 % a favor de la reforma.

El poder económico domina el sistema electoral brasileño y por ende las decisiones políticas. Hacendados y empresarios suman 70 por ciento de los legisladores, mientras solo nueve por ciento son mujeres y 8,5 por ciento afrodescendientes, aun siendo mayorías, señala el movimiento en defensa del “Plebiscito Constituyente”.

Otra iniciativa, la Coalición por la Reforma Política Democrática y Elecciones Limpias, busca democratizar la política mediante un proyecto de ley que, básicamente, pretende alterar tres reglas electorales y fortalecer “mecanismos de democracia directa” en decisiones políticas cruciales.

Prohibir donaciones de empresas a campañas electorales, elegir diputados en dos vueltas (una para partidos y la segunda para los candidatos) y con paridad de género en las listas partidistas son los cambios propuestos.