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20 de February de 2014 00:02

En 1889 París celebraba con bombo y platillo la Exposición Internacional, una de las más sonadas desde que se iniciaran estos espacios de confrontación en términos de oferta y venta de productos a escala mundial.

El Campo de Marte estaría signado por la estructura emblema de la modernidad: una torre diseñada por Eiffel realizada en hierro, el material que precisamente se quería introducir masivamente en la construcción de rascacielos, puentes, fuentes, hangares, espacios expositivos y demás.

Aunque pensada solo como temporal, la Torre quedó en su sitio y se convirtió en un ícono de la ciudad. Eiffel a 90 años de su muerte -recordada con algunas exposiciones en Europa y Estados Unidos- es la punta del iceberg de decenas de talleres de piezas de hierro de lo que se denominó arquitectura industrial y que inundó muchas ciudades y poblados del mundo. La primera de tipo prefabricado.

Coletazos de este gran boom llegaron también a nuestro país, aunque en este caso en particular ligado fuertemente con la construcción del ferrocarril trasandino.

Salvo estructuras íntegras importadas como el Mercado Sur de Guayaquil o el Mercado de Santa Clara en Quito, hoy en el Itchimbía, las piezas de hierro, los rieles, destinados al tren fueron usados a modo de varillas para construir columnas y vigas de elegantes edificaciones modernas entre 1920 y 1950.

Las adaptaciones fueron magníficas; nadie creería que se trate de rezagos reutilizados. Allí están, por ejemplo, el Café Concert del Ministerio de Defensa; los rieles con cemento estructurados como columnas en el antiguo Banco Central del Ecuador, al costado de La Compañía, o el Antiguo Hospital Militar, actual Centro Cultural Metropolitano.

Aunque la tradición jura y rejura que Eiffel envió piezas propias, como un puente sobre el río Chimbo, no hay constatación de marcas, nos dice Inés del Pino que acaba de publicar una interesantísima obra "Arquitectura ferroviaria en los Andes del Ecuador" (2013, Consejo Nacional de Cultura).

Más bien provienen de distintas casas de fundición de Francia, Bélgica y los Estados Unidos. Se conoce también que los Durini, por citar una familia de conocidos arquitectos y constructores italianos en Ecuador, importaron estructuras metálicas desde Italia y los Estados Unidos. O que empresarios-políticos como Alfonso R. Troya encargado de construir el Parque Montalvo en Ambato además de las verjas, importó las fuentes de Francia; lo mismo sucedería con las fuentes de la plaza frente a la Catedral de Riobamba.

La modernidad lo inundó todo, aunque hubiese habido resistencias colosales desde los sectores conservadores de nuestra sociedad. El periplo del hierro con Eiffel a la cabeza nos permite tejer historias que nos llevan a comprender el fenómeno de dependencia pero también de resistencia en América Latina.