Vicente Albornoz Guarderas

Las tortillas y los matrimonios

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Hace un tiempo, una funcionaria pública recomendó que se intercambiara de puestos entre ricos y pobres, para que así los ricos comieran m... Esa recomendación tan coprófaga (alimentarse de excrementos) ya reflejaba una visión bastante arcaica de la economía. Pero la semana antepasada, los intelectuales del oficialismo volvieron llenarse de gloria cuando un ideólogo de la revolución se quejó que la riqueza no se distribuye porque los ricos se casan entre sí.

El problema con esas opiniones es que reflejan una visión estática de la riqueza. Reflejan que quienes las expresaron no saben que la riqueza es algo dinámico, que puede crecer y se puede crear. Dogmáticos y aislados de la realidad, ignoran que, en la práctica, una persona puede salir de la pobreza sin que otra caiga en ella.

En la visión de la funcionaria en cuestión, solo se puede dejar de ser pobre si se le quita a un rico lo que tiene, si se “da la vuelta a la tortilla”. Por lo tanto, no existe la posibilidad de que alguien salga de la pobreza gracias a que la economía crea las oportunidades necesarias para eso, ya sea porque se mejora la educación, porque se facilita la producción, porque se vuelve más productiva la fuerza laboral, porque se crea empleo, etc. Para esa experta en ‘gastronomía’, la pobreza es algo que se intercambia, algo que un día le toca a una persona y el día siguiente a otra.

Y para el mencionado ‘ideólogo’, la cosa no es muy distinta porque refleja una visión de que “los ricos son ricos porque antes eran ricos” y “los pobres están condenados a seguir siéndolo” y se olvida que en muchos países la gente sale de la pobreza porque la economía crece y porque hay más riqueza en la sociedad. De otra manera, cómo se puede explicar que entre 2001 y 2006, el porcentaje de pobres entre los habitantes del Ecuador cayó de 55% a 38%.

Si en esos seis años hubo una espectacular caída de 17 puntos en la pobreza es porque la economía creció, la inflación cayó y se creó una buena cantidad de empleo para personas que eran pobres y que gracias a tener trabajo dejaron de serlo. No se viraron tortillas ni se obligó a nadie a tener un matrimonio digno de una telenovela mexicana. Y lo mejor de todo es que con tanta gente saliendo de la pobreza, la distribución mejoró.

Claro que esa extraordinaria evolución fue antes del Gobierno actual, cuando no se veía al crecimiento económico y la producción con malos ojos. Porque durante el Gobierno actual la pobreza también ha caído, pero mucho más lento y eso es un resultado de que en estos años el país creció menos, se creó menos riqueza y, sobre todo, de la inmensa bonanza del petróleo, una buena parte fue despilfarrada en una espectacular farra consumista.

Mirándolo así, lo primero que hay que cambiar en el país es la mentalidad de quienes nos gobiernan. Con esas ideas y esos dogmas, no vamos a ningún lado.