Gonzalo Ruiz

La tortilla da vuelta siempre

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Si no está claro hay que mirar a Planalto, preguntarle a Dilma y a Lula, quienes siguen esperando por un desenlace. O a Maduro, que cuenta las horas para bajarse del carro cuyo timón le quedó grande.

O a Kristina, ahora afectada por los vientos del sur, tapada en abrigo de piel comprado de la Quinta Avenida de Nueva York, a pocas cuadras de una lujosa suite de hotel en el mismo corazón del imperio que decía odiar. O, ahora, al poco tiempo de probar el caramelo amargo del poder, al mismo Mauricio Macri, tan tranquilo que estaba en la jefatura de la ciudad Buenos Aires, tan nervioso que anda por los pasillos de la Casa Rosada (antes saqueada).

Nadie olvidará el liderazgo sustancioso de Luiz Inácio Lula da Silva, y quizá por eso mismo, nadie perdonará que luego de una lucha denodada por sacar a millones de la pobreza y poner a Brasil en el escenario mundial, hoy esté pagando con sufrimiento por tantos deslices imperdonables. Corruptelas, acaso. La justicia independiente de Brasil dirá. Y Dilma, demacrada ella por estos días. Si el juicio político le sobreviene, la avalancha de su responsabilidad como cabeza de Petrobras en tiempos de Lula le pasará una factura que no esperaba.

Que esto sirva de lección para toda la clase política de ese gran país que durante años paladeó o se hizo de la vista gorda de aportes electorales, ‘mensalaos’ y demás festines mientras los pobres mueren de hambre a pocas cuadras.

Sudamérica está marcada por la crisis y el conflicto. Al sur de Brasil, otro gran país lucha por salir de tantos años de encierro en el que lo hundieron la soberbia del discurso populista y la demagogia de no pagar la deuda. Todo ocurría mientras se ocultaban millones de los dineros sucios.

Hoy, los jueces sacan la cabeza para sobrevivir. Son aquellos que permanecieron tímidos, tibios cuando el vendaval kirchnerista, las persistentes denuncias de una prensa azotada por el poder se van comprobando con paciente minuciosidad.

Hay una agenda compleja por destrabar. La muerte del fiscal Niesman y los arreglos secretos del Gobierno anterior con Irán para tapar a los culpables de los actos terroristas de la AMIA, por ejemplo.

Las travesuras de Amado Boudou, el cantante vicepresidente y su capricho de tener controlada la impresión del papel moneda en la empresa de un amigo.

Y la Ruta del Dinero K ( el reciente libro de Daniel Santoro, de Clarín). La valiente investigación de Jorge Lanata y su equipo de Periodismo para Todos, que hoy se traduce en causas judiciales pero que labró el derrumbe del manto de impunidad que rodeó al kirchnerismo.

Por ahora está preso el supuesto testaferro de Kristina, el empresario constructor Lázaro Báez. Pronto empezará a cantar. También está detenido Jaime, el zar de los trenes. Faltarán días del calendario para que los juicios fluyan y paguen por años de despilfarro.

Mientras Macri carga el pago de la factura atrasada del ajuste. Le sirvieron la mesa.