Marcelo Ortiz

¿Estamos todavía a tiempo?

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En esta columna, el 15-X-2012, afirmé en el artículo “Reciclaje, Premio Mayor” que en los gobiernos populistas hay un anillo deslumbrante. En nuestro país, de las personas incorporadas a los eslabones hace ocho años, se han desmembrado muy pocos, y algunos hacen escuchar voces críticas a las acciones de Gobierno, pero en nada influyen para lograr rectificaciones, peor aún para que concluyan los subsidios, por ejemplo, y disminuya el volumen de la burocracia, o se gaste menos en propaganda.

Afirmé, que “muchos han reciclado, esto es, pasar de uno a otro sector del poder a juicio del Presidente. No importa la tarea asignada en relación a su profesión o conocimientos, ni tampoco si forma parte de los mejores cuadros que tiene la sociedad, pues lo que prevalece es la fidelidad al pensamiento oficial. Por eso fue necesario el control de las opiniones adversas en los medios, y la persecución a personas, abrirles juicios penales; prohibir que esas cúpulas informen de sus actividades ministeriales. Era suficiente informar en cadenas oficiales los lunes y los monólogos presidenciales sabatinos”. Ahora ha crecido el número de esos eslabones hasta llegar a más o menos 45, cada uno con dos o tres subsecretarías, y esos titulares máximos hacen más compacto a aquel deslumbrante núcleo de ejercicio del poder absoluto. Nadie se separa, algunos ahora son asambleístas integrantes del centenar que anulan a las tres docenas de voces críticas a la política imperante.

En los gobiernos democráticos, de nuestra vida republicana, se alternaban después de cuatro años de ejercicio del poder, mientras que el actual populismo ha cubierto ya dos ciclos, y si no hay un rechazo electoral el 2017, un líder absoluto se estaría acercando a los 12 años, esto es el tiempo de estabilidad política desde 1948 hasta 1960 con tres presidentes: Galo Plaza Lasso, José María Velasco Ibarra y Camilo Ponce Enríquez, en su orden cronológico. En esa época, los diez o doce ministros de Estado, por varias causas, renunciaban a sus altos cargos, o desde la presidencia fueron desplazados para siempre.

Entre los factores de esa compactación está la absorción presidencial de los pilares democráticos: Legislativo, Judicial y Electoral; la creación en la Constitución-2008 (art.207) del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, con siete consejeros, que quitó a la Asamblea la capacidad de nombrar a los miembros del Consejo Electoral y de su Tribunal Contencioso, de nombrar las principales autoridades como Fiscal, Contralor, Procurador, Defensor Público, superintendentes de Bancos y Compañías y otros creados; otorgar facultad para que las instituciones del sector público rindan cuentas, investiguen denuncias, soliciten informaciones a cualquier entidad o funcionario estatales, y abrir procesos. Así se ha anulado la soberanía popular.

Felizmente hay elementos positivos para impedir la reelección indefinida.

mortiz@elcomercio.org