Enrique Ayala Mora

Testimonio de un Comandante

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 2
Triste 0
Indiferente 1
Sorprendido 0
Contento 37

Ese es el título del libro del general Ernesto González, exjefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas. La obra contiene unas “Memorias permanentes de una vida al servicio de la Patria”, reflexiones sobre la profesión militar, sus instituciones, el nuevo papel de las Fuerzas Armadas y apreciaciones sobre sus tareas específicas a nivel nacional e internacional.

Desde el capítulo 5 el libro hace un recuento de aspectos como el ataque de las fuerzas colombianas a Angostura, la salida de los estadounidenses de la base de Manta, el “Informe de la Verdad” y la “guerrilla inconclusa” de Alfaro Vive Carajo.

Capítulo central de la obra es el número 7, dedicado al operativo del 30 de septiembre de 2010, cuando unidades del Ejército atacaron el hospital policial donde, según el autor, el Presidente de la República “prácticamente quedó retenido”. El general González hace una minuciosa narración de sus movimientos y decisiones de ese día, explicando su pronunciamiento de apoyo al régimen constitucional y su petición de que no se aplique la ley que había provocado el incidente.

El autor relieva la tarea de los miembros de las Fuerzas Armadas y menciona las críticas que recibió el ataque a un hospital.

Argumenta que era jurídicamente posible ya que no se trataba de una situación de guerra en que es aplicable el Derecho Internacional Humanitario. Se trató, dice, de una “operación para rescatar” al Presidente “con los menores efectos colaterales”. El hecho, sin embargo, sigue siendo polémico.

El general González sostiene: “El rol cumplido por la institución militar en los hechos del 30 de septiembre ratifica su papel protagónico, a pesar de que en la actual Constitución le suprimieron su rol de ser garantes del orden jurídico”. Con ello destaca un fenómeno recurrente y central de nuestra vida nacional: el arbitraje militar del poder que se patentiza en momentos de crisis.

Es evidente que cuando un conflicto amenaza, o parece amenazar, la estancia en el poder de un gobernante, quien dice la última palabra sobre si se va o se queda son las Fuerzas Armadas. Así sucedió en las tres caídas de gobiernos desde 1997. Por ello, los que fueron más radicales en sacar de la Constitución su papel de garantes del orden jurídico, el 30 de septiembre se empeñaron en pedir y luego publicitar el pronunciamiento del jefe del Comando Conjunto.

Para muchos, el punto central del libro es que sostiene que el Presidente estaba “detenido” en vez de “secuestrado”, con lo que cuestiona en cierto modo la versión oficial. Pero parece mucho más importante que diga que ese día las Fuerzas Armadas fueron una vez más el árbitro del poder. Tan es así que sus declaraciones fueron repetidas a cada rato en la cadena nacional que organizó el Gobierno el 30 de septiembre para imponer una visión de los hechos.

eayala@elcomercio.org