Rodrigo Fierro

El tesoro de Atahualpa

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26 de September de 2013 00:00

Amigo como soy de hallar explicaciones fundamentadas o al menos aproximaciones razonables a hechos históricos que han permanecido ignorados o en la penumbra de lo improbable, voy a tratar sobre lo que ha sido un mito entre nosotros: el tesoro de Atahualpa.

Ante la orden del Emperador de llevar a Cajamarca las piezas de oro y plata que hubieran y que servirían para su rescate, inclusive llegó el sol del Coricancha procedente del Cusco. Como es de suponer, en Quito no quedó nada de oro y plata. Al mando de Quinara los tesoros quiteños llegaron hasta la actual provincia de Loja, a tiempo de la noticia de la ejecución de Atahualpa. Las órdenes: el tesoro debía ser enterrado y retornar de inmediato a Quito. La alianza hispano-cusqueña-cañari era un hecho y Rumiñahui se hallaba organizando la resistencia en el Norte, el Quito Propio, el de quitus y puruhuayes.

¿El tesoro fue enterrado en el valle que hoy lleva el nombre de Quinara? Curi Loma (curi, oro) se halla en las faldas de Fierro Urcu, picacho de la cordillera. -¿A dónde te vas a trabajar?- A Fierro Urcu. En aquel lugar el Crnel. Juan José Fierro, Gobernador de la provincia de Loja, realizaba una enorme excavación en pos del tesoro de Quinara. Pistas que aseguraban tal empresa fueron encontradas. Ahí quedó todo cuando los liberales radicales fueron perseguidos y mi abuelo tuvo que refugiarse en los páramos de Pallatanga. Años más tarde, Max Uhle halló en Curi Loma joyas espléndidas que hoy son patrimonio del Museo Metropolitano de Nueva York.

Cuando luego de la batalla de Tiocajas, en la que se impuso el destino y las tropas de Rumiñahui se dispersaron, los españoles, cusqueños y cañaris llegaron a Quito. Ciudad en cenizas, sin un solo objeto de oro. ¡Rumiñahui escondió el tesoro! Oteadores cañaris dieron con el héroe de la resistencia quiteña, íngrimo, traicionado. Fue quemado vivo. No chistó.

Los indios se referían al oro de los Llanganatis. ¡El tesoro de Atahualpa! Un trazado -'el camino de Valverde'-, conducía al descubrimiento, pero se interrumpía bruscamente. A comienzos del siglo pasado, el mencionado Crnel. Fierro recibió la orden de Alfaro de trazar una vía que saliendo de Salcedo llegaría al Napo pasando por los Llanganatis. En una reseña que publicó da cuenta que al inicio de las estribaciones de la Cordillera Oriental quedaron deslumbrados por los destellos que provenían de una pequeña laguna de aguas transparentes cuyo fondo se hallaba cubierto de oro: acumulación de chispitas y pepas de oro que arrancaban de las rocas los riachuelos que la alimentaban. Volverían en su viaje de retorno, que nunca ocurrió. Temblores y terremotos: las paredes de la lagunita se cuartearon, el camino de Valverde se desplomó. Los indios quiteños traían de los Llanganatis el oro que requerían sus orfebres.