Rodrigo Borja

Terrorista por un día

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 5
Triste 1
Indiferente 4
Sorprendido 7
Contento 20

A propósitode la ausencia de Radio Tarqui recuerdo un episodio de hace 55 años. El 19 de marzo de 1960 llegaba a Quito, en su tercera campaña electoral, el doctor Velasco Ibarra, quien disputaba el poder con Galo Plaza, Gonzalo Cordero y Antonio Parra Velasco.

Los dirigentes habían levantado la tribuna al borde del monumento a Bolívar en La Alameda para recibir a su líder, en la movilización de masas con la que inauguraba su campaña.

En la madrugada de aquel día tres jóvenes nos propusimos neutralizar a Radio Tarqui, que iba a ser la matriz de la red nacional de información del acto de masas, para lo cual decidimos cortar sus cables de transmisión.

Los complotados éramos: el “loco” Alfonso Sevilla, un hombre decidido y terriblemente fuerte; Lucho Guerrero, sujeto de gran firmeza, y yo.

En compañía de un “técnico” cuyo nombre nunca supe, subimos sigilosamente a la colina del Itchimbía, donde estaba la torre de transmisión de la emisora, redujimos al guardia y lo desarmamos.

El “técnico” nos señaló con su linterna el cable de alta tensión que debíamos cortar.

- Mucho cuidado, nos dijo, porque todos esos cables son de alta tensión y están descubiertos.

Como no teníamos escalera, hicimos una columna humana junto a la torre: el más fuerte abajo, el otro parado sobre sus hombros y el más liviano, que era yo, en el tercer piso, con la tarea de cortar el cable.
Momentos tensos. Mis compañeros de columna me gritaban desde abajo:

- ¡Cuidado toques un alambre de alta tensión, que moriremos electrocutados!

-¡Bueno, pero no se muevan, que pierdo el equilibrio!
Con guantes de asbesto, linterna en una mano y el alicate en la otra, metí mi brazo entre los alambres. El técnico me gritó:

- ¡Ese es, ese es!

Y lo corté. Con los compañeros ‘terroristas’ envolvimos varios metros de cable, colocamos en la camioneta y lo botamos al Machángara desde el puente de la vieja carretera a Cumbayá.
Como era lógico, no hubo transmisión radial de la enorme concentración de masas del Dr. Velasco. Y fue un golpe duro contra su campaña.

Ese ha sido el único acto “terrorista” de mi vida.
En alguna fecha de 1996, en un coctel de aniversario de la radio, pregunté a Gustavo Herdoíza, su propietario y gerente:

- ¿Recuerda el sabotaje a su emisora el 19 de marzo del 60?
- ¡Cómo no! ¡Fue un sabotaje criminal!
- ¿Quién fue el autor?
- Nunca lo supimos.
- Fui yo.

El Sr. Herdoíza se quedó frío. Llamó a su señora:

-¿Quién crees que ha sido el que saboteó la emisora cuando íbamos a transmitir el acto del Dr. Velasco?
- ¿Quién fue?
- ¡El doctor Borja!
- Bueno -argumenté- el delito ya está prescrito...

El alcalde Paco Moncayo, que estaba a mi lado, se moría de risa.