Jorje H. Zalles

Soy terrícola

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12 de March de 2014 00:03

Pobre la gente de Crimea. El 16 de marzo les van a obligar a escoger entre ser ucranianos o ser rusos, cuando en su enorme mayoría se identifican con ambos grupos, se sienten ruso-ucranianos. ¿Podrían, en teoría, optar por la doble nacionalidad? Deberían poder. La doble nacionalidad no hace más que reconocer lo obvio: que el sentido de identidad de una persona puede ser, y con frecuencia es, amplio, múltiple, diverso.

Pero el angosto y excluyente nacionalismo que está detrás de la crisis en Crimea no acepta esa idea. Es la terrible y triste historia de "nosotros" versus "ellos" reeditada por enésima vez. El que es distinto -en este caso, el que habla ruso, no ucraniano y viceversa, el que habla ucraniano, no ruso- es "el enemigo". Grupos armados, con rostros cubiertos de pasamontañas, atacan y aporrean a los "otros" de lado y lado, aterrorizando a una vasta mayoría moderada que no se identifica con ese extremismo.

El fácil error es pensar que los unos son "los buenos" y, por definición, los otros son "los malos". La exsecretaria de Estado norteamericana y posible candidata a la presidencia Hillary Clinton ha comparado a Vladimir Putin con Adolf Hitler. Pero el espíritu nazi está presente de ambos lados. En Crimea circulan bandas violentas de nacionalistas extremos, tanto del lado ucraniano como del lado ruso, todos llenos de intenso odio.

Manifiestan el mismo destructivo espíritu que hizo que durante siglos católicos y protestantes hayan sido enemigos mortales, en una confrontación absurda entre seguidores del mismo Maestro cuyo bello mensaje está lleno de amor y de tolerancia. Es el mismo espíritu que hoy mismo hace que muchos shia y sunni se consideren enemigos mortales, hace que musulmanes estén masacrando a cristianos en Nigeria, y que, atenuado, menos mortífero, pero el mismo espíritu al fin, hace que en nuestras disputas políticas, ideológicas o éticas, veamos como "el enemigo" al "otro" -al que adora a otro dios, sigue otra ideología, tiene la piel de otro color, piensa distinto .

"No," me dirán. "¿Cómo vas a creer?" Esos rusos, ucranianos y musulmanes son distintos. Son así por rusos, por ucranianos, o por musulmanes. Nosotros somos diferentes.

¡Cuidado! ¡Ahí está la trampa mortal! Nosotros no somos diferentes. Somos igualmente capaces de caer en el eterno error humano de pensar que "ellos" son los inferiores, los malos, los no iluminados, los no escogidos, los equivocados, mientras que "nosotros" somos los superiores, los buenos, los iluminados, los escogidos, los que tenemos la razón.

Podríamos aprender antes, pero es posible que no dejemos de cometer este terrible error hasta que aparezcan entre nosotros seres de otra galaxia, y recién entonces dejemos de hablar entre humanos de "nosotros" y de "ellos", y digamos todos: "Soy terrícola".