Carlos Jaramillo

Tercera edad y Seguridad Social

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Las Naciones Unidas declararon Día Internacional del Anciano el 1 de octubre y el Gobierno ecuatoriano decretó Día Nacional el 29 de septiembre.

Pero en Quito y en las demás ciudades del país esta vez transcurrieron virtualmente desapercibidas esas fechas, como de costumbre, lo que demuestra, una vez más, la poca atención que se da a ese importante segmento de la sociedad, que deambula en el ocaso de la vida, luego de haber dado se aporte, su esfuerzo para el desarrollo del país y para el tan pregonado “buen vivir” de su gente.

Pocas instituciones y personas se preocupan por la suerte de los viejos y son cantos de sirena los postulados de la Constitución, que en su artículo 36 reza: “Las personas adultas mayores recibirán atención prioritaria y especializada en los ámbitos público y privado, en especial en los campos de inclusión social y económica, y protección contra la violencia…”.

El doctor Marco Proaño Maya, destacado jurista, exvicepresidente del Congreso Nacional, exvicepresidente del Parlamento Latinoamericano, excandidato a la Presidencia de la República, etc., siempre preocupado por ese estrato vulnerable y desamparado, presentó el 18 de septiembre el libro titulado “Seguridad Social y Sociedad Democrática”, en el que anota que la Seguridad Social es un derecho fundamental, reconocido e inscrito en los principios universales de los Derechos del Hombre y agrega que de la Seguridad Social dependen la vida, la salud y la dignidad de las personas, porque, como dijera Otto von Bismarck, acompaña al ser humano desde la cuna hasta la tumba. Enfatiza: “Sin un sistema de Seguridad Social políticamente responsable, económicamente sustentable y socialmente solidario no hay una sociedad democrática”. “No se debe confundir Seguro Social con Seguridad Social y menos aún el Sistema de Seguridad Social con las instituciones creadas para entregar las prestaciones a los asegurados”. “La nueva Ley de Seguridad Social no debe depender de instituciones políticas ni de la apreciación discrecional de los tecnócratas; debe debatirse públicamente con la participación de todos los sectores interesados y, más allá de apreciaciones y posiciones, se debe actuar con seriedad, responsabilidad y sensatez, porque de ella depende el futuro de la Seguridad Social, que vela por la vida, la salud y la dignidad del ser humano”. Concluye formulando 21 planteamientos para una nueva legislación sobre la materia, fruto de sus profundos conocimientos y amplia experiencia.

En la presentación del libro, Alicia Yánez Cossío, dice: “… esta obra, por lo conceptual y orgánica, puede ser la matriz académica en el debate, pensamiento y organización de la Seguridad Social” y respecto al autor anota: “La historia lo reconocerá como incansable luchador por la creación y ejecución de innumerables leyes a favor de las clases marginadas”.

cjaramillo@elcomercio.org