3 de June de 2010 00:00

La tercera edad

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Rodrigo Fierro Benítez

Por pura coincidencia resulta que llegaron a mis manos dos libros, de autores de formación totalmente distinta, que tratan sobre el mismo tema: la tercera edad. De Marco Proaño Maya ‘La vida no tiene edad. Adultos mayores: La globalización de la injusticia’ y ‘Futuro incierto de la vejez’, de Mauricio Letort Calisto. El primero: político, sociólogo y digamos que humanista. El segundo: médico, académico y digamos que hombre culto.

Plutarco Naranjo, en su prólogo al libro del Dr. Letort, recuerda que fue Alexis Carrel, el ilustre fisiólogo francés autor del inolvidable ensayo ‘La incógnita del hombre’, quien llamó la atención sobre un hecho inobjetable: la edad cronológica no siempre coincide con la edad biológica, es decir aquella en la que el sujeto es capaz aún de vivirla o verse reducido a menos de lo que le correspondería, esto último una característica de los adultos mayores del tercer mundo. En todo caso, está bien que se sepa que la esperanza media de vida de nuestro país es de 70 años para los hombres y 75 para las mujeres, y que el 10 % de la población ecuatoriana tiene más de 65 años, edad que en nuestra legislación señala el inicio de la tercera edad, la de los mayores, la de los viejitos.

Otro título le hubiera ido mejor al libro del Mauricio Letort. ‘Futuro incierto de la vejez en el Ecuador’, me hubiera parecido más apropiado para un último capítulo, el de nuestra realidad lacerante: “Es indigno y humillante mirar un país donde un grupo de ancianos jubilados hace huelga de hambre por 20 dólares de incremento a su pensión”, es opinión de Letort. Por lo demás, es autor de un libro con una fuerte intención didáctica, casi de difusión, en el que con admirable claridad y sin mayores profundidades se abordan todos los temas involucrados en el envejecimiento del ser humano desde los que aluden a la nutrición hasta los bioéticos.

El libro de Proaño Maya es de los que se puede leer de corrido. Sentencioso más que descriptivo. Hombre de enjundiosas y abundantes lecturas como es Proaño Maya, al inicio de cada capítulo de su libro se hacen presentes citas bien traídas de Sábato, Cicerón, Pitágoras, Papini, Rodó, García Márquez, Moravia, Montalvo. Algunos de los títulos de tales capítulos no pueden ser más sugestivos: La justicia jamás ha perdido una batalla, Las insurgencias no son victorias, La vida no termina con la jubilación, La humillación, La Globalización de la Injusticia, y así.

Proaño Maya ha sido el abogado defensor de los jubilados. Desde luego que de los más pobres, de los más sedientos de justicia, de aquellos viejitos que pese a tanta adversidad un día que pasa es un día más de vida y eso de existir que se prolongara por años. El libro que comento son las memorias de quien halló la ruta de su vocación política en la lucha por los desamparados.

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