13 de June de 2010 00:00

Teoría del limbo

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Julio Echeverría

Un nuevo caso legislativo se apresta a ingresar al limbo de la Asamblea. Se trata de la Ley Orgánica de Comunicación, uno de los instrumentos legales que debían ser mandatoriamente aprobados por la Asamblea en plazos definidos. Se trata de una de las herramientas legales que completan el conjunto legal normativo previsto por el diseño institucional elaborado en Montecristi, sin el cual esta Constitución no pasa de su carácter declarativo y retórico.

La elaboración de esta Ley fue encargada por la ‘gracia divina’ a la sacerdotisa Betty Carrillo, quien tenía la noble misión de caminar sobre el fuego de los poderes fácticos sin quemarse. En este martirologio, la sacerdotisa Carrillo recibió los ataques no solo de la prensa corrupta, sino también la de los miembros de la Mesa de Comunicación, de sus compañeros asambleístas y de los miembros de su propia bancada, que no comprendieron la magnitud de la misión encomendada.

En la revolución ciudadana, la tramitación de leyes es entendida como el acto de transcribir en textos legales la voluntad popular, de la cual el único intérprete legítimo es Correa; una extraña interpretación de la voluntad popular en clave teológica; una concepción del mundo bipolar y maniquea, donde los medios privados confunden y engañan, mientras que la acción estatal en la comunicación es, por sí, buena y virtuosa, sagrada e intocable.

No se entiende de otra forma que en la propuesta de Ley de Comunicación se multipliquen los mecanismos de control y punición sobre medios privados mientras no se establece norma alguna en torno a medios públicos y comunicación oficial que anuncian la proximidad del paraíso.

¿Por qué se van al limbo las propuestas de ley? ¿Será que Alianza País tiene graves problemas para comprender la lógica teológica en la cual la voluntad divina es inapelable? ¿Será que la deliberación en Alianza País es disfuncional a la construcción teológica del poder?

La teoría del limbo pone en evidencia que el paraíso no está aún pronto a ser ocupado; que las leyes que lo configuren deben esperar mejores condiciones para su afirmación. El limbo es la expresión retocada de la lógica del bloqueo político que, como en el pasado, fue desgastante tanto para el Gobierno como para la oposición.

La existencia del limbo permite mantener la ficción de que la deliberación existe pero que no construye decisiones. Los intentos por compactar y dar coherencia a Alianza País, no son más que admoniciones del Presidente y no una legítima construcción de una estrategia, de un programa, de un sentido político que los unifique sobre la base de la deliberación democrática. El sistema político derivado de la Constitución de Montecristi no está para construir decisiones consensuadas.

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