21 de August de 2010 00:00

Tasas y peajes

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Carlos Jaramillo Abarca

Diversas voces de inconformidad han surgido frente a la propuesta del Alcalde Metropolitano de crear varias tasas para financiar obras viales tendientes a paliar los crecientes problemas de movilidad que soporta Quito.

El costo de esas obras complementarias a la restricción vehicular conocida como pico y placa se estima en USD 573 millones, en su primera etapa, cantidad que, como es costumbre, es muy probable que suba, por los consabidos cambios de última hora, reajustes de precios, etc.

Para cubrir dicho financiamiento se propone el aumento del precio de la gasolina, el cobro de peajes, una tasa de USD 1 0 para cada vehículo nuevo y otra por la circulación de todo carro dentro del Distrito Metropolitano. Se trata de desincentivar el uso de automotores privados, sin considerar que muchas veces son instrumentos de trabajo indispensables.

Este conjunto de gravámenes se lo ha comparado con los “paquetazos” que se imponían en el país durante la tan satanizada “larga y negra noche neoliberal”, con la diferencia de que esta vez sería aplicado solo en la capital, con lo cual se abriría la puerta para que imiten otros municipios y se evite que el Gobierno asuma estas medidas antipopulares.

Ediles, dirigentes políticos, empresarios, etc. coinciden en que el pueblo ya no resiste más gravámenes; que esta propuesta es inflacionaria y afectaría a buena parte de las 10 500 pequeñas empresas que funcionan en Quito, que tendrían que trasladar el impacto al consumidor y quedarían en desventaja frente a sus similares del resto del país; los taxistas y propietarios de buses contarían con un argumento para exigir el aumento de tarifas y pasajes, que buscan desde hace algún tiempo.

Además, la desidia de la actual Administración Municipal hace que los habitantes de esta urbe no miren con buenos ojos la pesada carga tributaria en ciernes.

La prensa capitalina señaló hace pocos días que “la obra emblemática” del primer año del alcalde Barrera es la reparación de los túneles de San Juan y, pese a que se paga una tasa mensual por recolección de basura, Quito es cada vez más desaseada, lo cual, hay que reconocer, se debe fundamentalmente a la falta de colaboración de la ciudadanía, pero la Municipalidad ya debió emprender una campaña efectiva y convincente para mejorar la mentalidad de los habitantes de la capital en ese aspecto.

Por tanto, es menester que también se consideren otras alternativas, como un préstamo mayor del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social y, en especial, que se gestione, con entereza, el apoyo significativo del Gobierno, al que tiene derecho Quito por varias razones, entre ellas porque es la ciudad que más contribuye al Presupuesto del Estado y porque se trata de un problema apremiante, que le consta al Presidente.

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