Diego Araujo Sánchez

¡Tarde piache!

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El diccionario académico explica que la tradición atribuye estas palabras a un soldado que, al tragarse un huevo empollado, oyó piar al polluelo: tarde piaste, exclamó y terminó por engullírselo. La expresión se utiliza cuando alguien dice algo o actúa a destiempo.

En muchos de lo decires en estos casi 11 meses de nuevo Gobierno, resulta posible exclamar: ¡tarde piache! Los más recientes no son revelaciones nuevas, pero resulta significativo escucharlas en la voz de las más altas autoridades. La semana pasada, el presidente Lenin Moreno responsabilizó a su antecesor de lo que ocurre en la frontera norte: se debilitó a las FF..AA tanto por no haberles dotado del armamento necesario cuanto por “la compra de helicópteros que se caían, radares que no funcionaban y aviones viejos”; y la permisividad en la zona dio pábulo a que la guerrilla y el narcotráfico hicieran de las suyas.

El actual secretario de Gestión Política, Miguel Carvajal, viceministro y ministro de Defensa y coordinador de Seguridad en el Gobierno de Correa, reconoció que el Gobierno de Moreno enfrenta graves dificultades para salir, mes a mes, con sus pagos y “que el IESS está quebrado”; además, afirmó que los funcionarios del anterior Gobierno sabían que el país estaba quebrado y que conocían de la situación insostenible del IESS, pero que no hicieron nada; y, en otro rapto de sinceridad, admitió que si la Asamblea hubiese fiscalizado se habrían evitado estas situaciones; pero que fiscalizar lo consideraban una traición.

El país necesita enfrentar con la verdad las mentiras que, gracias al apoyo del millonario aparato de publicidad, construyó el correísmo. No obstante, se produce un cortocircuito en la percepción ciudadana cuando se escuchan denunciar ahora las imposturas de la “década ganada” a quienes no dijeron ni pío como funcionarios y colaboradores del Gobierno precedente: no podemos dejar de reconocer el valor de las denuncias de estos días, aunque debamos exclamar: ¡tarde piache”. Porque, ¿en dónde trazan los ambiguos límites entre antes y después?

Sin embargo también podemos concluir con benevolencia que “más vale tarde que nunca”. Entonces la prueba final de esos decires, que implican hechos de gravedad extrema, sería atenerse a las consecuencias. Si en violencia, la inseguridad y los recientes atentados terroristas que han causado muertos y heridos o el infame secuestro al equipo de periodistas de EL COMERCIO tienen su parte el debilitamiento de las FF.AA. y la permisividad en la frontera norte, ¿por qué la justicia no procesa a quien debe responder?

En el colapso de los fondos de pensiones y de salud del IESS, ¿están ya procesados los responsables? ¿Y por el irracional manejo de la economía? ¿ Y por el engaño, el autoritarismo y la desmesurada corrupción de la década?