Carlos Jaramillo

Tan sólo vestigios

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3 de August de 2013 00:02

Militantes y simpatizantes del extinguido Partido Izquierda Democrática añoran la acogida popular de esa organización y anhelan que vuelva pronto, con renovados bríos, al trajinar político. Las otras tiendas políticas recientemente defenestradas no han reaccionado .

Uno de los fundadores y líderes de la ID, Rodrigo Borja, quien llegó a la Presidencia de la República, recordaba hace pocos días, en artículo publicado en este Diario, algunas facetas destacadas del partido naranja y la proclama en sus días de gloria: "Nuestro lema es justicia social con libertad, porque no queremos la justicia social a cambio de la libertad ni la libertad sobre los escombros de la justicia social, sino ambos valores juntos…".

La Izquierda Democrática contó con una estructura popular sólida y con un edificio amplio y funcional para su sede nacional, construido cuando era director Efrén Cocíos. Está ubicado en la calle Polonia y Vancouver, en el norte de Quito. La obra estuvo a cargo de una comisión presidida por Gustavo Riascos, quien dio a conocer que los planos, cálculos, estudios, etc. fueron realizados por miembros del partido, en forma gratuita; el lote fue donado por el Municipio Metropolitano, durante la administración del alcalde Álvaro Pérez y se financió casi en su totalidad con aportes económicos y con el trabajo de sus afiliados. El inmueble tiene 2 758 metros cuadrados y su valor actual supera los dos millones de dólares.

Es, sin duda, la mejor sede de los partidos y movimientos políticos del Ecuador y, una vez que la ID fue borrada del Registro de organizaciones políticas, según el artículo 327 de la Ley Orgánica Electoral y de Organizaciones Políticas, sus símbolos desaparecen y su patrimonio pasará a formar parte del Fondo Partidario Permanente, pero algunos miembros del extinto partido consideran absurda e ilegítima esa medida, ya que reiteran que el edificio fue construido con el esfuerzo de muchos de sus afiliados y no como en otros casos que adquirieron inmuebles con el dinero que recibieron de dicho Fondo Partidario..

Sin embargo, da la impresión de que los líderes históricos del partido naranja lo han abandonado y que han hecho poco o nada por salvarlo, mientras los dirigentes de sus postrimerías lo han hundido en el caos con su actuación divisionista y más bien se han preocupado de su situación personal: el uno se ha arrimado a una tienda nueva de derecha y el otro al movimiento del Gobierno, como lo han hecho numerosos copartidarios suyos.

Un nostálgico miembro del difunto partido naranja evocó el pensamiento de Paulo Coelho: "La gloria del mundo es pasajera y no debemos medir nuestra vida por ella sino por nuestra decisión de cumplir nuestra leyenda personal, de creer en nuestras utopías y de luchar por nuestros sueños".