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27 de February de 2013 00:01

Con el ánimo de explorar directamente las ventajas y desventajas del nuevo aeropuerto, acudí el fin de semana a Tababela junto a cientos de curiosos que llegaron conmigo. A medida que me aproximaba a la zona, fui exorcizando los fantasmas y temores generados durante casi una década de controversias políticas. El tráfico fluía bien y, sobre todo, la constante presencia policial a lo largo de las vías hacía que los conductores mostraran más cuidado y disciplina. Uno de los factores que ha dificultado constantemente el tránsito por la Vía Interoceánica es la temeridad, prepotencia e indisciplina de los automovilistas. Por ello, no tengo la menor duda de que el nuevo trazado de esta vía, su señalización y la vigilancia policial, la volverán mucho más segura. El único obstáculo que tiene el trayecto es el puente sobre el Chiche. Al llegar a la garganta, las seis vías se convierten en dos, lo que provoca un fuerte embotellamiento.

La vía de ingreso a Tababela es amplia, moderna y rodeada de verdor. Luego de transitar por años por las estrechísimas y congestionadas vías de acceso al antiguo aeropuerto, rodar por esta autopista provoca una sensación de comodidad incomparable. Al cabo de unos minutos aparecen los aviones que ascienden y descienden con holgura y suavidad por las amplísimas pistas construidas en contraste con la vieja terminal que obligaba a los aviones a 'rozar' las construcciones y vehículos presentes en la zona. Al contemplar esto, uno toma mayor conciencia de los enormes peligros que acecharon a Quito y la total obsolescencia del antiguo terminal Mariscal Sucre.

La arquitectura y edificaciones de la terminal se asemejan a muchos aeropuertos modernos del mundo. No hay congestionamiento vehicular en los puntos de ingreso o salida de pasajeros, por lo que resulta muy sencillo llegar o partir del aeródromo. Luego del ingreso a la terminal, esperan al pasajero amplios espacios con numerosas butacas que facilitan la tediosa y necesaria espera. No hay las aglomeraciones y empujones a los que estábamos acostumbrados y se percibe bastante orden en las operaciones.

Me siento muy orgulloso de esta obra que se convertirá en un importante factor de desarrollo de mi ciudad. Es verdad que aún existen algunos problemas por resolver, especialmente en lo relacionado con las vías adicionales de acceso. Sin embargo, la inauguración de esta obra marca un salto cualitativo para la capital de los ecuatorianos y representa un gran impulso a las actividades turísticas y exportadoras.

Cuando el ex alcalde y presidente, Sixto Durán-Ballén, construyó el viejo aeropuerto, un torrente de críticas pretendió detener el proyecto. La principal descalificación giró en torno a su tamaño, pues se juzgaba que era desproporcionado y que la ciudad subutilizaría la terminal. Parecería que poco hemos cambiado desde entonces.