Mauricio Pozo Crespo

Toca bajarnos los sueldos

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Cuando se adoptan decisiones salariales desde las esferas oficiales es común que estas se concentren en objetivos políticos y se enfoquen exclusivamente en el trabajador que está empleado, dejando de lado al desempleado, al subempleado y al empresario. Mientras más alto se fijan las remuneraciones, más se benefician los trabajadores, pues obviamente con sueldos más altos les permite gastar más y subir en general su ritmo de consumo. Sin embargo, incrementos desmesurados de los salarios ejercen impactos negativos en varios ámbitos, uno de ellos en el desempleado. Mientras más elevados son los salarios, más difícil es que el desempleado consiga empleo, pues el costo de la contratación actúa de forma contraria a la capacidad empresarial de contratar. Es mucho más conveniente que más personas tengan empleo aunque sus salarios no sean tal elevados que unos pocos tengan trabajo y la mayoría no tenga acceso a un empleo. Así mismo, un excesivo costo laboral impide que las empresas puedan competir internacionalmente, dejando a las mismas con menos opciones de progresar y, por lo tanto, de seguir contratando personal.

El ingreso per cápita en Colombia y en Perú es mayor que en Ecuador, pero los salarios en el Ecuador son mayores que en los países vecinos. Esto significa que en el país se está remunerando por sobre la productividad de la economía, por lo que administrar costos laborales excesivos se torna a mediano plazo inmanejable. En la actividad florícola, el peso laboral debe estar alrededor del 50% del total de costos así como el sector de la construcción la masa salarial debe rondar sobre el 30% de los costos totales. Esos porcentajes son insostenibles a mediano plazo, peor cuando la demanda se reduce por una recesión económica.

El Gobierno se sobregiró en el tema salarial, al punto que en la actualidad el promedio de las remuneraciones en el sector público al menos duplican aquellas del sector privado. De forma similar, los incrementos salariales decretados por el Ejecutivo estos 8 años han rebasado ampliamente la productividad de la economía, por lo que ahora empiezan los problemas. El sector público empieza a no renovar contratos de trabajo, despedir personal y demás decisiones, poco cercanas al discurso populista. Se dice que quieren defender la dolarización, pues esta es una de las formas, en caso contrario, la baja de los sueldos no operará en términos nominales sino reales; es decir, con inflación mayor atada a una depreciación cambiaria. Es decir, ojalá nunca ocurra, con un proceso de desdolarización.

Que quede absolutamente claro: lo impopular que suena bajar sueldos es precisamente para proteger el empleo en el Ecuador. Así mismo, todos sin excepción debemos defender el dólar como moneda y esta es una de las duras decisiones que tenemos que adoptar. Que el Gobierno le ordene a su mayoría en la Asamblea que facilite legalmente este asunto.