Gonzalo Maldonado

¿Por qué subieron el encaje?

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Esta semana, en una decisión insólita –difícil de entender y justificar técnicamente– las autoridades subieron el encaje de 2% a 5% a los bancos más grandes del país.

El encaje es una fracción de los depósitos del público que el sistema financiero debe mantener en el Banco Central. Es un instrumento de política monetaria que persigue dos fines: ofrecer una salvaguardia a los ahorristas y regular la liquidez.
El encaje puede subir en épocas de bonanza, cuando existe mucho dinero en el mercado y hay, por tanto, riesgo de que la economía entre en una espiral inflacionaria incontrolable.
Como penosamente nos consta a los ecuatorianos, en el país hay cualquier cosa menos abundancia de capitales. Una muestra de ello es que desde diciembre del año pasado, los pasivos monetarios del Banco Central han sido mayores a las reservas internacionales. Es decir, desde hace rato, el ex Instituto Emisor debe más de lo que tiene en dinero líquido.


De otra parte, la inflación no sólo que no ha subido sino que ha languidecido mes a mes, desde el 4,87% anual, en junio de 2015, hasta llegar a 1,31%, en octubre pasado, precisamente porque la demanda ha caído en picada.
Si no hay abundancia de dinero ni riesgo de inflación, ¿por qué las autoridades subieron el encaje en más del doble?
La medida tiene menos sentido si se toma en cuenta que restará dinero disponible para el consumo y la inversión en una economía marcada por la recesión y el desempleo, porque bajarán los multiplicadores de la base y, con ellos, la oferta monetaria y la liquidez total.
Por ser un depósito no remunerado, un aumento del encaje subirá el costo de los fondos de los bancos lo que, a su vez, impediría ofrecer tasas más competitivas a los ahorristas y haría que se recorten ciertas líneas de crédito si resultaran onerosas para el prestamista.


El aumento del encaje permitirá que el Banco Central tenga un mayor volumen de recursos bajo su custodia. Esto es inconveniente en un escenario como el actual, donde el ex Instituto Emisor se ha convertido en una suerte de prestamista de última instancia del Ejecutivo, entregándole, hasta el momento, USD 4 200 millones para cubrir sus necesidades de liquidez.
Como se sabe, los requerimientos de efectivo aumentan a fin de año y el Gobierno Central –con una nómina de USD 9 000 millones anuales– no será la excepción.
A todo esto se suma otra decisión cuestionable: el recorte de la producción de crudo aceptado por Ecuador en la OPEP.

El ajuste será cercano al 5% de la producción diaria promedio. Si el precio que recibimos por nuestro petróleo en el mercado externo no sube por encima de ese 5% habrá una pérdida mayor de ingresos y el Estado necesitará más plata.
¿Volverían a subir el encaje, si ese fuera el caso?