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gmaldonadoQelcomercio.org

En esta era digital, marcada por el nacimiento ¬–y, a veces, por la muerte prematura– de nuevas redes sociales hay una que, a mi modo de ver, consolidará su liderazgo este año que empieza, hasta desbancar a otras como Facebook o Twitter.

Me refiero a Spotify, la aplicación web que permite a los usuarios escuchar música de todo tipo y clasificarla en listas, no sólo en función de sus gustos y preferencias, sino también de acuerdo a sus estados de ánimo.

A diferencia de Facebook, que puede producir hastío en el usuario por el ambiente de alegría impostada que induce permanentemente; y, a diferencia de Twitter, donde el lenguaje y la comunicación quedan severamente lastimados por la imposibilidad de escribir mensajes que sobrepasen los 140 caracteres, Spotify ofrece al usuario una ilimitada variedad de experiencias emocionales e intelectuales, alrededor del único código que es absolutamente legible para todo ser humano: la música.

Spotify fue creado en 2008 por Daniel Ek, un programador de origen sueco que con apenas 23 años ya se había hecho rico desarrollando software para la industria publicitaria. En esta ocasión, la genialidad de Ek consistió en eliminar el incentivo de “hackear” música en Internet, ofreciendo al internauta la posibilidad de escucharla gratis –con intervalos publicitarios– o pagando una baja cuota mensual.

Instagram, una plataforma creada para compartir imágenes, y Pinterest, otra red con propósitos similares, entendieron que el éxito de sus respectivas aplicaciones dependería del grado de vinculación emocional que lleguen a alcanzar con sus usuarios. Por eso pusieron en escena plataformas sencillas y abiertas para que cada quien publique los contenidos que crea conveniente, sin un libreto preestablecido.

De ahí que en Instagram o en Pinterest uno pueda encontrar cuentas dedicadas a temas tan disímiles como el “shopping”, el arte abstracto o las fotos de familia. A pesar de que aquellas plataformas constituyen un avance en la arquitectura y en el planteamiento de la relación con el usuario, se nota todavía que hay divisiones muy marcadas entre los miembros de cada una de estas redes.

Esa marcada división tiende a desaparecer en Spotify porque los usuarios pueden escuchar música para exaltar sus momentos de alegría, tristeza, relajación, o nostalgia; algo que todos experimentamos, al margen de quiénes seamos.

Por eso, una porción considerable del equipo de Spotify se dedica a la confección de listas con temas –como si fueran DJ o curadores de una galería musical– para que sean escuchados por sus usuarios, de acuerdo con la circunstancia que viven en ese momento. Con esto crearán –tal vez sin proponérselo– una suerte de cofradía mundial en torno al arte supremo de la música.

@GFMABest