Diego Pérez

Sostiene Benito

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17 de February de 2013 00:02

Como ejercicio intelectual para este domingo, quisiera llamar su atención respecto de que en la academia sigue debatiéndose si ha existido solamente un fascismo (el implantado por Benito Mussolini en Italia en el siglo pasado) o si es correcto hablar de fascismos, así en plural. Por ejemplo, todavía no hay consenso respecto de si se puede encasillar en esta clasificación al nacionalsocialismo alemán o si merece la categorización de fascista cualquier Régimen autoritario de derechas. Como ven, el estado de la cuestión no es pacífico.

Para Carlos Taibo, catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid (en el "Manual de Ciencia Política" de Rafael del Águila por si lo quieren mirar) el fascismo -o los fascismos, como la lectoría quiera ver las cosas- tiene una especie de mínimo común denominador ideológico. En primer lugar la autoridad se erige en el máximo fundamento del orden político, a la vez que la fe (no la razón, porque sería demasiado sospechosa de ilustración) es el más importante factor de conocimiento. Hay que creer, no que pensar. Segundo, los intereses de los ciudadanos deben siempre subordinarse a los intereses del Estado: en palabras del profesor Taibo, "la vida privada de los individuos, tan celosamente defendida en el pensamiento liberal, poco menos que desaparece, sometida a la supervisión y al capricho de un Estado a cuyo control nada debe escapar". Tercero, las diversas versiones de los fascismos tienen como eje el nacionalismo, la exaltación de lo local como sinónimo de lo puro y de lo correcto y de la explotación, para este efecto, de conceptos abstractos como el de la patria. Cuarto, los regímenes fascistas deben estar dotados de generosas maquinarias de propaganda para glorificar las figuras de sus líderes, para resaltar sus extraordinarias cualidades (es decir, el carisma) y, de vuelta a Taibo modos "…que en última instancia explicaban la obediencia ciega que se exigía a la población." Por último, en este resumen apretado, los fascismos también exigen permanentes movilizaciones de la población (es decir, que todo esté permanentemente politizado) y que las formas y relaciones políticas estén guiadas por manifestaciones de masculinidad.

Criterios más sofisticados, como el de Edda Saccomani, nos dicen que los rasgos básicos del fascismo/fascismos son la existencia de una especie de monopolio de la representación política a través de un partido único y de masas, el discurso de la lucha de los países pobres contra la plutocracia y los grandes imperios, el dirigismo estatal en una economía que es apenas nominalmente privada y, a grandes rasgos, "un intento de integrar en las estructuras de control del partido o del Estado, según una lógica totalitaria, el conjunto de las relaciones económicas, sociales, políticas y culturales". (En el Diccionario de Política de Bobbio y otros).