Diego Cevallos Rojas

La sonrisa de Correa

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12 de March de 2012 00:02

Habría quizás que recurrir a psicólogos para desentrañar el significado de esa sonrisa recurrente que muestra el presidente Correa cuando habla en público. No siempre es por algo gracioso. Seguro, si usted observa con cuidado, confirmará este comportamiento. Sonríe mientras celebra la derrota de un diario o de un periodista, también cuando responde acusaciones, argumenta o simplemente relata algún hecho nada chistoso. Cuando reclama o insulta, también sonríe.

¿Será sonrisa nerviosa o será sonrisa burlona, será que le causa gracia el conflicto? Lo que sea, allí está ese gesto sempiterno. Unos lo verán con simpatía, otros, lo observamos con extrañeza.

El caso podría ser puesto bajo la lupa de la psicología política, ciencia social relativamente novel. Posiblemente nos ayudaría a entender mejor ciertos episodios de la vida pública. Alguien cercano al poder me mencionó, por ejemplo, que en el cargo presidencial el hombre ha desarrollado una obsesión contra los medios de comunicación.

El análisis en las ciencias políticas privilegia los aspectos racionales y lógicos de las decisiones en la vida pública, los observa a través de variables y prismas más o menos definidos. Pero hay casos -parece ser el ecuatoriano- en el que valdría recurrir a análisis de aspectos irracionales relativos a traumas, sueños y hasta aspectos patológicos que acompañan a ciudadanos y autoridades. Podríamos así tratar de explicar ciertas cosas.

Sería interesante pasar por el tamiz de la Psicología Política el caso de El Universo. Esa sonrisa del Presidente cuando ratificaron la sentencia y la violencia con que actuaron sus seguidores fuera de la corte, son dignos de un análisis detallado. Un estudio similar podría hacerse respecto a las actitudes del oficialismo frente a los autores de ‘El Gran Hermano’.

Es que con datos racionales y a la luz de los avances civilizatorios en materia de libertad de expresión e incluso con base a los antecedentes académicos del Presidente, poco puede explicarse sobre cómo llevó esos casos al extremo y cómo lo acompañó una institucionalidad comparsa. El mundo lo condenó y con razón. Tampoco resulta fácil poner bajo parámetros racionales el ya famoso perdón sin olvido.

En este espacio hemos expuesto cómo el poder marea y aleja de la realidad a quien lo ejerce. Se trata de una adicción y las ciencias políticas lo han demostrado. Cuando le sumamos problemas psicológicos, armamos un coctel explosivo. Tome en consideración la actuación de ciertos policías, burócratas, curas o papás. Cuando tienen poder abusan y se regodean con humillar a sus subordinados.

Sería interesante que un psicólogo político desentrañe algo sobre las irracionalidades que hemos visto últimamente desde el poder. Las ciencias políticas se van quedando cortas en su intento.

Columnista invitado