Susana Cordero de Espinosa

Sonría y decida, presidente

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El gran humorista español Antonio Mingote, miembro de la Real Academia Española desde 1987, tituló su discurso de ingreso «La transición del humor de Madrid Cómico al de La Codorniz”, que empezaba así:

“Permítanme que recuerde aquí la frase del ilustre pensador americano Groucho Marx en trance de ingresar en determinado club: ‘Yo no puedo entrar en un lugar en donde se admite a individuos como yo’. Frase que encierra un no disimulado orgullo… Más modesto que él, yo comprendo que el prestigio de esta institución en la que hoy me presento es tan grande que puede tolerar sin la menor convulsión la entrada de un tipo como yo…”.

Y evoca con peculiar talento crítico la revista Madrid cómico (1880-1912), de la cual afirma: “Madrid Cómico es una necesidad para la literatura y para el público. ¿Era públicamente respetable? ¿Cómo se puede respetar ni tomar en consideración —ni entonces ni ahora— un periódico que empieza llamándose a sí mismo cómico?”. Con este tono irreverente, díscolo y lleno de gracia, aportó humor y nostalgia a La Codorniz; se cuenta que emitió este ‘parte meteorológico’: “Reina por toda España un fresco general procedente de Galicia, sin tendencias a desaparecer”. Se sabe, porque en este mundo horrible todo se sabe, y tanto saber rompe muchas ilusiones, que La Codorniz nunca emitió este parte contra el generalísimo Franco, el gallego que, sin duda, lo merecía (uno de los significados de ‘fresco’ es ‘sinvergüenza’), y yo me digo: si alguien inventó que La Codorniz emitió este parte y, para inventarlo, creó el parte, ¡merecía escribir en La Codorniz!

En una edición de año nuevo de La Codorniz, de muchas más páginas que las que habitualmente la formaban, apareció un tren entrando a un túnel. El ávido lector abría la revista para encontrarse con un túmulo de páginas negrísimas, de papel carbón. En la última página, el tren salía del túnel. Aunque tampoco existió esta edición, existió el humor para imaginarla.

El querido Mingote pronuncia, entre otras, esta frase singular: “Según la costumbre establecida, yo tendría que hacer un elogio de mi antecesor en el sillón. Pero sucede que, al ser el mío de nueva creación, no tengo antecesor que recordar”.

Y como resumen de la comparación entre las revistas, confiesa: “Antes se hacía un humor agresivo y con frecuencia chocarrero. Ahora se cultiva la ironía y las buenas maneras. … La Codorniz conformó la mentalidad de las nuevas generaciones. Quiero creer que si los españoles de hoy hemos aprendido a no confundir lo poético con lo cursi, si hemos renunciado a la intransigencia en favor de la tolerancia, si rechazamos la violencia y preferimos el diálogo, a ser posible con risa, si somos más civilizados que nuestros abuelos, lo debemos en gran parte a La Codorniz.

Le dedico de corazón este último párrafo o, mejor, todo el artículo, Presidente, que, por cierto, no es mío. Ni siquiera lo es el título. ¡Es de Mingote y usted lo valorará!