30 de December de 2010 00:00

El solitario

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Alfredo Negrete

La situación de la televisión independiente ya era crítica antes del cambio de propietarios de Teleamazonas y del anuncio inicial que la nueva administración suprimía los programas de opinión y luego de que si los mantenía bajo una agenda editorial más abierta y plural; un supuesto que implicaba que la propiedad y administración anterior era cerrada y excluyente. Si a esta situación se suma la presencia del canal oficial en la señal abierta, más el espacio de los canales incautados y bajo administración y conducción gubernamental, no es difícil concluir que la televisión independiente en el Ecuador queda reducida a un solo canal: Ecuavisa.

En este escenario es necesario comprender los dilemas, encrucijadas y próximas definiciones a que está abocado el líder histórico de ese canal que es Xavier Alvarado Roca.

Sus antecedentes, incluida la dirección de la revista Vistazo, debieran ser suficientes motivos para no preocuparse ni especular sobre la independencia o sobrevivencia. Este periodismo es maduro, ha enfrentado presiones y amenazas de todo tipo de gobiernos; desde dictaduras hasta regímenes constitucionales hegemónicos y prepotentes. En el balance, el saldo de firmeza y valentía es altamente positivo; en consecuencia, el capital de credibilidad es sólido, lo que es fundamental en su relación con su amplia audiencia que en estas horas extrañas debe empezar a evaluar lo que significa la independencia periodística para la democracia.

Sin embargo, los tiempos políticos han cambiado radicalmente y no hay que caer en excesos de suspicacia para comprender que un régimen que ha escogido un modelo de control político absoluto del Estado y la sociedad, puede implicar resultados impredecibles para la prensa. En estas condiciones, muchas al margen del ordenamiento jurídico, con todos los instrumentos de la fuerza a su favor, el Gobierno ha ganado importantes batallas y es incierto el resultado final del conflicto casi bélico contra el periodismo libre.

Se conoce que la Constitución garantiza la libertad de expresión en algunos artículos al dar prevalencia a los tratados internacionales ratificados por el Ecuador (417, 424 y 426); sin embargo, la primera disposición transitoria establece la obligación legislativa de expedir una Ley de Comunicación mezclando, con mala intención o ignorancia, la administración del espectro radioeléctrico con la libertad de expresión y ha originado un escenario que impide su aprobación.

Por ese motivo, se habla una ley de frecuencias que sometería básicamente a la radio y puede introducir instrumentos para controlar o suprimir al único canal de televisión independiente. El líder de la televisión ecuatoriana conoce de riesgos y amenazas, pero por falta de antecedentes, ignora las pavorosas posibilidades del fascismo mediático contemporáneo.

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