Gonzalo Ruiz

Solca se defiende sola

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La noticia de la falta de recursos suficientes para atender los requerimientos de la Sociedad de Lucha contra el Cáncer, Solca, sacó a flote lo mejor de la sociedad y lo peor del poder.

Todo empezó con un remitido de la entidad publicado en los diarios más influyentes del país, el 2 de marzo. Allí se dice que en la actualidad Solca ‘atraviesa una situación sumamente grave que pone en riesgo la continuidad de los tratamientos de los pacientes con cáncer’. (Ver documento en EL COMERCIO, sección Tendencias, página 16).

Pese a la insistencia de los medios (Radio Quito y Platinum, por ejemplo) los directivos de Solca prefirieron guardarse de más comentarios hasta esperar una reacción positiva del Poder Ejecutivo.

Pero la respuesta del Presidente fue agria. No solamente la desatinada advertencia de la Ministra de Salud a Solca sino la amenaza: consuetudinaria manera de ejercer el poder concentrado en el modelo político impuesto al país desde hace 9 años.

Además se reconvino a Solca advirtiendo que le pasen las instalaciones médicas de la entidad privada sin fines de lucro para el manejo del Estado. ¡Ni Dios lo permita! miles de ecuatorianos son testigos de las carencias de Salud Pública, pese a los esfuerzos económicos en años de vacas gordas el saldo de construcciones hospitalarias deja una estela de obras por concluir (ver reportaje de Teleamazonas de esta semana). Aquí no basta con la propaganda ni el personaje de ‘El cholito’ y un conocido comentarista de fútbol, que no sustituye con el pseudo testimonial la realidad que constata la gente a diario.

Esa misma realidad nos revela que tanto el Ministerio de Salud cuanto los hospitales del Seguro Social acuden a Solca, derivan pacientes para sus tratamientos y muestran que el staff científico de Salud Pública y el IESS, - más allá de la politiquería- , tienen en buen predicamento el nivel de calidad de la atención de Solca.
Este episodio provocó como respuesta una sólida cascada de solidaridad. Por doquier llegan las adhesiones a Solca y su labor humana y profesional.

En la conversación cotidiana personas de distintas tendencias, afectos o desafectos del Gobierno, no aceptan el ataque a Solca de forma tan inmisericorde. Los aportes del Estado a Solca se cubren con tributos que paga toda la gente. No pertenecen al poder para que disponga de ellos.

Miles de ecuatorianos refieren el caso de parientes o amigos tratados allí. Yo tuve un buen amigo, partidario del Gobierno, quien murió por la enfermedad maldita pero recibió completa atención allí. Conozco, por fortuna a muchas personas, hasta compañeros de trabajo que van por la vida con optimismo y una sonrisa y que han pasado por los tratamientos de Solca.

Sorprendería al Presidente saber cuántos de sus colaboradores pueden dar sus testimonios positivos. Una condena a muerte a Solca sería una herida artera al corazón de miles de ecuatorianos.