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eecheverria@elcomercio.org

En su edición de 19 del corriente, EL COMERCIO emite una alerta y proporciona consejos para evitar el cáncer de piel, originado en la exposición a las radiaciones ultravioletas de la luz del sol. En la misma edición informa de una enternecedora visita de las voluntarias de Solca a los enfermos, a quienes obsequiaron rosas como uno de los numerosos actos de la campaña “Sembramos emociones”, ofreciendo además música y distracciones a los pacientes.

El entorno familiar, de visita en ese momento a sus parientes, sintió también profunda emoción, pues para la persona común hablar de cáncer es similar a referirse a una muerte más o menos cercana y sufren tanto como los asilados; y con mayor profundidad cuando los pacientes son niños.

Hospital de Solca, Quito. En la década de los años cincuenta destacados médicos y prestantes ciudadanos se preocuparon de la protección a los enfermos de cáncer. Fue el origen de la Sociedad de Lucha Contra el Cáncer de Ecuador, Solca, que comenzó su labor en 1951, bajo el liderazgo del connotado médico guayaquileño Dr. Juan Tanca Marengo. Los inicios fueron de absoluta pobreza. Solca de Quito se inauguró en septiembre de 1958 en el lúgubre local de la morgue de la Facultad de Medicina, en el viejo Hospital San Juan de Dios, que se derrumbó en esa parte. Luego fue a otros locales hasta que, gracias a inyecciones económicas, entre ellas una de 1960 que creó un impuesto para la operación de la entidad, pudieron prosperar también Núcleos de Solca en Cuenca y Loja. El actual hospital de Quito empezó la planificación a partir del año 1993.
Desde 1978 fue designado presidente del Consejo Directivo el Ing., Gral.(sp) Solón Espinosa Ayala, quien ha sido permanentemente reelegido y en una expresión de años atrás manifestó: “Estar ya en el nuevo hospital que alberga nuestras esperanzas, es la culminación de un sueño largamente anhelado”.

Se trata de una edificación moderna, apropiada para el tratamiento de los afectados por esta horrible enfermedad, donde reciben atención de primera clase, hasta que, convertido en hospital oncológico, se halla a la vanguardia del sector de la salud; y sus profesionales médicos han ido perfeccionándose inclusive en el exterior; y, de retorno, aplican sus nuevos conocimientos especializados en los pacientes.

Solca, Núcleo de Quito, es ya un hospital oncológico docente y sienta bases para el desarrollo especializado en la lucha contra este mal, dentro del país. Dotado de sofisticados equipos de última generación, con tecnología de punta, le permite garantizar la educación, prevención, diagnóstico y tratamiento, asegurando mejores esperanzas de vida a los miles de pacientes que acuden en busca de su ayuda.

Además de su personal eficiente, merecen elogio los voluntarios que trabajan tan solo por su vocación humanitaria.