Farith Simon

Sociedad pedocéntrica

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25 de November de 2013 00:01

El gran jurista francés Jean Carbonier afirmaba que el derecho de familia contemporáneo es pedocéntrico, que todos sus institutos y normas giran alrededor de las niñas y niños; otros, aseguran que es la sociedad occidental la que ha puesto a los más pequeños en el centro; que se les da demasiada importancia, convirtiéndolos en seres egoístas, preocupados únicamente de sus derechos, poco atentos a sus deberes al interior de la familia, la escuela y la sociedad.

Debe reconocerse que sí hay familias que han transformado a sus hijos e hijas en pequeños tiranos, en seres egocéntricos con un amor desmesurado hacia sí mismos, sin embargo creer que esto refleja la situación general de la infancia es un error. Algunas personas confunden el reconocimiento de los menores de edad como sujetos plenos de derechos, con una crianza carente de límites y reglas. Sin embargo, esto es una anécdota frente a los graves problemas que atraviesan millones de niños, niñas y adolescentes alrededor del mundo.

24 años han trascurrido desde la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño, el instrumento de derechos humanos más ratificado en la historia; en este se estableció un conjunto de derechos y obligaciones para con la infancia y se les reconoció un nuevo estatus jurídico, fundando las bases para un cambio de relaciones entre adultos y niños.

En este tiempo se han producido grandes avances en el cumplimiento de esos derechos, aunque persisten graves violaciones a los derechos, como la explotación laboral y sexual, la profundización de la violencia en todos los ámbitos de la vida de niños y niñas; la discriminación por género o por pertenencia étnica; la pobreza y exclusión.

A escala local la situación es parecida, una evidente mejora en indicadores sobre educación, salud, nutrición; disminución del trabajo infantil, incremento significativo del número de jueces dedicados a temas vinculados a la infancia (lo que no se traduce en una mejor calidad de las decisiones judiciales o la disminución de los tiempos procesales); en un entorno en que pervive la violencia y el abuso, incluso entre iguales.

También se han dado retrocesos, hemos presenciando la pérdida de especificidad y especialidad de las políticas públicas dirigidas a la infancia; y en materia de responsabilidad penal juvenil los asambleístas están a punto de aprobar una reforma que nos llevaría de vuelta a las épocas del más puro y duro retribucionismo penal.

Las nuevas reglas, de aprobarse, nos alejarían dramáticamente del objetivo de la reintegración social, establecido en los instrumentos internacionales y recogido en la Constitución; pasando la factura, derivada de las preocupaciones por la inseguridad ciudadana, a los más débiles y vulnerables, sin que el Estado asuma su responsabilidad por no haber diseñado, implementado y ejecutado un verdadero sistema de responsabilidad penal juvenil en estos 24 años.