Miguel Rivadeneira

La sociedad 'modelo'

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20 de January de 2014 00:02

Los tiempos modernos se han invertido. Hoy se habla de la sociedad "modelo". Aquella que se ajusta a los designios de un líder temporal -porque el poder no es eterno- y no se construye desde abajo una comunidad democrática con la efectiva participación ciudadana y el respeto a los derechos humanos de todos sus componentes y no solo de los seguidores de un proyecto en marcha.

El huracán arrasa con todo y no hay normas internacionales, nacionales o locales que sean respetadas aun cuando estén escritas y promocionadas. Se han trastocado al punto que hay principios y muchísimas normas constitucionales vigentes que amparan en el papel a los ciudadanos, pero contrariamente a todo principio son acogidos para el Estado y los representantes públicos.

Una norma, de tantas vigentes. El artículo 437 de la Constitución relativa a la Corte Constitucional establece que "los ciudadanos en forma individual o colectiva podrán presentar una acción extraordinaria de protección contra sentencias, autos definitivos y resoluciones con fuerza de sentencia". Sin embargo, hoy acoge demandas del Estado.

En Colombia, más allá del tema de fondo y si procede o no la destitución del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, ha sido acogido y respetado el derecho de tutela presentado a su favor. El presidente Santos, que sería el encargado de ejecutar la decisión de destitución, salió al paso y dijo que su única opción es respetar los fallos judiciales y defender la institucionalidad de su país. ¡Qué ejemplo de independencia y respeto al ordenamiento jurídico! Hoy se discuten y cuestionan los principios universales que se invocan. Dicen ¡qué principios! Si son los escritos en las declaraciones y convenios internacionales, la Constitución y las leyes no sirven si no se someten a los designios del poder. Los jueces son destituidos sin reparos si dictan fallos contrarios a la revolución y se sienta "jurisprudencia" y precedentes para el resto de magistrados temerosos si quieren conservar cómodamente el cargo aunque claudiquen en los principios, la aplicación de las normas, su libertad de conciencia y su responsabilidad.

En este trastrocamiento de valores en medio de la falta de educación y de conocimiento de la realidad y las normas, se considera como una dádiva la concesión de los derechos, cuando éstos nacen con la persona. El artículo uno de la Declaración Universal de los DD.HH. sostiene que toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en este documento, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política, o de cualquier otra índole. El artículo 19 señala que todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, que incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones y el de difundirlas.