Jorge G. León Trujillo

Socialismo y derecha

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7 de May de 2012 00:02

Los resultados de las elecciones francesas difieren de los sondeos. La diferencia entre Hollande (28,6) y Sarkozy (27,2) no es de 4 puntos previstos. El tercero no es Melanchon del Frente de Izquierda, que atrajo grandes multitudes en varias ciudades, no tuvo el 17% esperado sino 11% y le ganó Le Pen, de la extrema derecha, con 18% (10% en 2007). Le sigue Bayrou del centro derecha con 9% (19% en 2007). La tendencia puede ser favorable al socialista, pero nada es seguro en esta coyuntura de cambio de adhesiones, de tantos indecisos y más abstención que antes (21%). Ello a pesar que las izquierdas están más cautas al no condenar a los socialistas por poco verdes o poco rojos, para no dar la victoria a la derecha en segunda vuelta. A su vez el P. Socialista no puede ganar sin los centro o sin recuperar algo del electorado obrero comunista que pasó a la extrema derecha, a través del maleable nacionalismo chauvinista que puede transitar de la derecha tradicional a cierta izquierda. El guiño que ha hecho Hollande a esos votantes de extrema derecha, cuando Le Pen ha dejado libre a su electorado sin apoyar a Sarkozy, molesta al lado izquierdo.

Lo que está en juego es cómo quitar votos para frenar al contendor, Sarkozy, pero resulta complicado sumar votos sin perder a los que ven a los socialistas muy centristas. Al inverso acontece con Sarkozy, que de estar de moda en 2007 (31%), ahora suma decepcionados que han ido a la extrema derecha y muy poco al socialismo (26% en 2007), este más bien perdió parte de su electorado más de izquierda pero captó voto del centro. El electorado francés fue estable, con adhesiones a partidos definidos, en una polarización izquierda-derecha, así los indecisos fueron decisivos para lograr el desempate. Pero ahora hay un electorado que pierde su adhesión partidaria y si bien guarda sus ideas, encuentra que los partidos no les corresponden. Los cambios de tendencias así crecen para todos, paralelamente a los indecisos. Cuando las identidades políticas son imprecisas, las opciones ciudadanas se tornan complicadas, crecen la apatía y la indiferencia o la opción por personas. Pero como el contexto es de problemas crecientes y de búsqueda de la “patria” que hipotéticamente acoge y protege, los nacionalismos hacen fiesta y los extremos piden radicalidad, la cual se cree lo exige este evidente mundo del juego de poderosos. Así, no sorprende la reorganización de la extrema derecha. Muchos lo atribuyen a la personalidad de Martine Le Pen. Pero fue ante la caída de las izquierdas que creció la derecha extrema y ya decepcionó en varios países. Sin embargo, la reorganización de las derechas aumenta y la extrema derecha se pinta de aceptable. Las derechas están redefiniendo posiciones, modernizando programas y formando cuadros para los nuevos tiempos. Ahora este trabajo es poco visible, mañana puede dar sorpresas.